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«Vatileaks II»: una oportunidad para apoyar al Papa Francisco.

A muchos «pro-hombres»de Dios parece que se les han olvidado aquellas palabras de Jesús, en el Sermón de la Montaña (Mt 6,24-34). El verbo griego «douleuo», tiene una connotación litúrgica, es decir no sólo es «servir», sino «adorar».

El señorío de Dios debe ocupar el centro de atención en la vida de todo discípulo, más allá de las preocupaciones de este mundo, entre las cuales sobresale el dinero, por su carácter engañoso de dar una falsa seguridad. «No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24; Lc 16,13). En clave evangélica, el dinero no puede ser un fin en sí mismo y solo ha de servir para hacer el bien, especialmente a los más pobres del mundo en el marco de la justicia de Dios. La alternativa entre Dios y el dinero (denominado Mamon) se convierte en un absoluto. El peligro que denuncia Jesús es el poder seductor y corruptor de las riquezas y sabe que el dinero es un dios que exige pleitesía y adoración. Cuando el dinero se convierte en dios, se pone en peligro la convivencia humana. ¿No es esta preocupación por el dinero y la codicia lo que sustenta un mundo tan injusto como el que tenemos? ¿No es esta enfermiza preocupación por el dinero la que se encuentra a la base de esta historia de la Iglesia?

En estos días he leído los libros de Nuzzi (Via Crucis) y Fittipaldi (Avaricia), referentes al Vatileaks-2. El de Fitipaldi más farragoso, y el de Nuzi, un poco más pedagógico. En el fondo, a parte la maraña de datos económicos y nombres, «nada nuevo bajo el sol» (Eclesiastés 1, 9). Que la Iglesia a lo largo de la historia haya acumulado un patrimonio incalculable era lógicamente sospechable. Que este patrimonio haya sido, en gran parte, mal administrado también era, en cierto modo, una evidencia. ¿Cuál es la aportación de ambos libros? Poner cifras y nombres verosímiles.

Es decir, aproximarse con un grado bastante elevado de certeza a tres parámetros. El primero, a la cantidad y calidad de bienes patrimoniales de todo tipo que tiene la Iglesia en estos momentos y su nivel de productividad económica. Segundo, las personas que los administran y su nivel de fiabilidad. Tercero, las resistencias, por parte de los interesados del segundo parámetro a aceptar cualquier cambio.

 

 

En cuanto a lo primero, la impresión es que domina el caos controlado e intencionado por parte de pocas personas que se sirven de este patrimonio para intereses particulares, prebendas, pago de favores, influencias y una retahíla de miserias humanas absolutamente inconcebibles. En cuanto a lo segundo, hay muchos personajes con capisayos que han quedado muy mal ante el gran público, de hecho uno de ellos ha tenido que devolver regañadientes una parte del dinero, que al perecer había utilizado para obras particulares. De los demás se sabe poco. Se mueven peligrosamente en las sombras, pero ha sido deseo desenmascarados con nombres y apellidos y datos perfectamente demostrables. Finalmente, de lo anterior se desprende que esta individuos hace tiempo que se han asegurado su porvenir económico, y que por lo tanto resistirán hasta cierto punto. Otros, probablemente morirán matando. Terreno peligroso. En cualquier caso el juicio a los autores de los libros no tiene mucho sentido. El sobreseimiento será la mejor salida.

En cuanto al «Affaire» del sacerdote español, la impresión es que este hombre ha sidovíctima de una operación de mucho calado, orquestada por alguno de esos personajes tétricos que está en contra de la reforma y que defiende grandes intereses económicos. La trampa ha sido la «signorina», que evidentemente le ha chantajeado. La equivocación ha sido caer en sus redes. ¿Qué tendrá la «signorina» para que este sacerdote haya caído tan bajo hasta el punto de traicionar la confianza del Papa en pleno proceso de renovación? ¿Hay fotos comprometedoras?

La informaciones de estos libros, en el fondo, pueden beneficiar al Papa, ya que la gente puede comprender con qué y quiénes se las está viendo. El pueblo de Dios sencillo le esta apoyando a muerte. Y así tiene que ser. No es agradable lo que está escrito en ellos. Puede hacer mucho daño, pero no nos podemos quedar ahí.

 

 

Frente a esto emerge la figura del Papa Francisco que de una manera inteligente está manteniendo una lucha titánica con ese mundo de oscuros intereses. No está sólo, pero lo tiene muy complicado, ya que no plantea la típica reforma estética, al final de la cual todo sigue igual. Eso es lo que quisieran muchos y luchan cada día para que sea así. Estamos hablando de un auténtica reforma estructural, en la que al final el uso legítimo del patrimonio y del dinero no comprometan el testimonio evangélico. En una palabra, una economía al servicio del mensaje evangélico. Así de sencillo, y así de complicado. Evidentemente, el Papa, así lo ha afirmado de manera reiterada continuará con su reforma, porque lo que está en juego es la credibilidad evangélica de la Iglesia.

El Papa Francisco ha entendido la formulación evangélica inicial: «No podéis servir a Dios y al dinero». En el señorío que Dios establece desde su amor con las personas que participan en el Reino no hay lugar para que el dinero ocupe un espacio del corazón. El espacio necesario para vivir, como dice un amigo mío para pagar las facturas…El Reinado de Dios es el mismo Dios, que se entrega a los empobrecidos de todo el mundo, a los marginados a los descartados. Francisco pude ser la revancha de Dios en estos tiempos de claridad y transparencia mediáticas.

Por: (José Luis Ferrando Lada).-

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