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Una historia de fe

Fue durante un sueño cuando, según cuenta Sergio Alcayaga, el Papa Juan Pablo II se le manifestó. Desde ese momento no cesó en cumplir su sueño de asistir a su canonización en el Vaticano y después peregrinar rumbo a Cracovia.

Cuuando llegó el año 2005, Sergio Alcayaga era un joven común y corriente. No era particularmente religioso. Aunque sí, confiesa, siempre estuvo ligado el catolicismo, pero más por formación que otra cosa. “La verdad, era católico a mi manera”, cuenta.

Pero aquel 2 de abril de ese año, lo tomó por sorpresa. Y es cuando vio por televisión la noticia de la muerte del Karol Józef Wojtyła, el Papa Juan Pablo II a la edad de 84 años, simplemente no podía creerlo. Era primera vez que era testigo de un hecho tan importante a nivel mundial. Sin embargo, ni él mismo podía creer que la partida del sumo pontífice le impactaría tanto. “Recuerdo que me quedé helado, lo que me pasó en ese minuto es algo difícil de describir, sobre todo por lo que te comento. Yo no era un católico practicante, ni tenía mayor cercanía con la Iglesia”.

Lo dejó pasar, al menos por unos días. Claro, resulta que aún no se recuperaba de aquella inesperada muerte que caló tan fuerte en él cuando tuvo una experiencia mística que cambiaría su vida para siempre. Resulta que, según cuenta, el Papa se le presentó en un sueño y le habló directamente. “Es difícil de creer, pero me pasó. Después de su fallecimiento él se me presentó en un sueño y ahí me preguntó: ‘¿Por qué sufres tanto?’. Mi respuesta fue muy sencilla. Le dije que sufría porque él había partido”, precisa Alcayaga, con una evidente emotividad que surge de pronto.

Claro, se emociona cuando recuerda que luego de aquel sueño que vino de la nada, en un acto de fe tomó la decisión de realizar el viaje de su vida, aunque reconoce, dejó pasar bastante tiempo. “La idea que era ir antes a la beatificación, pero cuando ésta llegó de golpe, el año 2011, entonces lo que decidí fue ir a la canonización. Ahí yo te diría que fue el comienzo de todo más concretamente cuando decidimos hacer una peregrinación desde el Vaticano hasta la ciudad de Cracovia, Polonia, esto como forma de homenajear al Papa que iba a ser santo. A partir de ahí, cuando yo tuve decidido eso, comenzó lo que yo llamo una suerte de proeza”, cuenta Alcayaga, cuya emoción a esas alturas parece ya no despegarse de sus ojos.

 

LA LUCHA

Comenzaron los esfuerzos por conseguir los recursos y hacer las gestiones, para poder realizar el viaje. Fue en ese momento cuando se encontró con una cantidad de obstáculos con los que no pensó que se encontraría, pero que sin embargo, a la larga, le hacen valorar más su logro. “De partida cuando le comenté a mi familia y a mis amigos todo esto, pensaron que estaba loco. Ellos no veían factible que yo solo, sin en el apoyo de nadie en ese momento pudiera lograrlo, pero de a poco fui consiguiendo pequeñas cosas. Un día, por ejemplo, vi por la televisión que en Televisa (canal mexicano) le estaban haciendo un homenaje al Papa y me contacté con esa gente (…) Me costó, tuve que mandarles muchos correos y allí por primera vez me encontré con gente que creyó en mí y en mi proyecto. Me dieron contactos con gente de Europa, fue un gran avance en ese minuto para mí”, relata este hombre, soñador.

Pero no todo era esperanzador en ese momento. El darse cuenta de que había gente que desde lejos valoraba lo que él quería hacer, y aquí, en su tierra natal, todavía no encontraba el apoyo suficiente lo desmotivó en alguna medida. “Aquí continuaba pidiendo ayuda. Todos me decían ‘qué linda tu iniciativa, qué te vaya bonito’, pero nadie me ayudaba en verdad. La verdad es que fui a hartos lugares pero no encontré el apoyo que me hubiese gustado tener”, critica, Sergio, con algo de desgano.

Y es que pese a lo que muchos pudiesen pensar, lo que él realmente buscaba en su cruzada no era un apoyo económico, lo que necesitaba era que alguien con alguna influencia en la iglesia chilena lo acompañara en su camino. “Lo que más me urgía era que me ayudaran a ponerme en contacto con la curia de diferentes países, yo hice la ruta, lo que necesitaba era contactarme con gente que me diera alojamiento allá, donde iba a llegar”, recuerda, con algo de desgano, uno que se va rápidamente,  tal como llegó.

 

PROHIBIDO RENDIRSE

Pero no se dio por vencido. Sus ganas podían mucho más, y luego de hacer algunos contactos con Iglesias Europeas por su cuenta, decidió que era hora de prepararse, ya que en el fondo, sabía que en algún momento podría concretar su anhelo. “Mientras, yo luchaba por esto, también trabajaba en diferentes cosas. Estuve en el área de cobranzas, de una multitienda, también en una empresa de telecomunicaciones, pero yo o me rendía y decidí que si iba a caminar desde el Vaticano hasta Cracovia, lo más lógico era que comenzara con una preparación física debida. En ese momento yo me encontraba en Santiago y comencé a trotar mucho en el cerro San Cristóbal”, cuenta.

En ese momento, él tenía la tranquilidad de que el proceso de canonización todavía no era anunciado, pero cuando supo que vio que todo avanzaba tan pronto sintió que el tiempo se le estaba acabando y que necesitaba concretar su sueño pronto. “La canonización era inminente (27 de abril de 2014) Supe que el tiempo se me terminaba, porque se anunciaron los procesos de beatificación y canonización muy rápido. Ahí se hizo necesario acelerar esto y yo no sabía cómo, pero tuve la suerte de encontrarme con un día con el Padre Rodrigo Tupper, y le comenté sobre el proyecto. Ahí él finalmente me ayudó, le insistí porque me lo encontraba siempre en el cerro San Cristóbal. Me conseguí una entrevista con él y me puso en contacto finalmente con Iglesias Europeas, ahí empezó a tomar forma todo”, afirma Alcayaga.

 

SUEÑO A PUNTO DE CONCRETARSE

El serenense veía su sueño más cerca que nunca. Sí, luego de años de lucha en que tuvo que tocar puerta tras puerta y más de alguna se cerró en el camino, de pronto tenía todo organizado para hacer su peregrinación, asistir a la canonización del Papa y luego iniciar la peregrinación en su honor. “Gracias a las cartas que enviamos, los países en los que íbamos a realizar la peregrinación tenían preparadas sus iglesias. Al principio éramos dos lo que íbamos a realizar la peregrinación, mi esposa Verónica y yo, pero luego de algunos contactos que hicimos con Marcin Schmidt, él mismo logró entusiasmar a algunos peregrinos en Italia también. Y no sólo eso, sino que también logró entusiasmar a algunas empresas polacas para que nos dieran ayuda económica y de esta manera se pudo financiar y pudimos hacer que viajaran con nosotros una persona de Argentina, Perú y otra persona más de Chile. Y en Polonia también se nos unió otra persona, o sea, en total fuimos seis personas que nos juntamos todos en Italia”.

 

CAMINANDO POR

JUAN PABLO II

Llegó a Italia, con un poco de temor. Claro, “ya no era un jovencito” y debía caminar más de 70 días. “No era una tarea fácil. La verdad, te voy a contar una infidencias, no teníamos la seguridad de que íbamos a rendir físicamente. Además, nos encontramos con otra dificultad, porque Italia, aunque es un país tan católico, no tiene rutas especiales, para estas peregrinaciones, entonces fuimos nosotros los que en el camino tuvimos que ir inventando algunas rutas, lo que se hacía peligroso”, relata este aventurero hombre de fe.

A la hora de recordar esta travesía, Sergio recuerda la mayoría de los momentos gratamente. Sobre todo por lo que le costó realizar esta travesía, sin embargo, también hubo momentos duros durante este viaje a pie, momentos en los que incluso pensó en abandonar, pero su fe pudo más. “Mira, tanto Verónica como yo tenemos problemas a la espalda, tenemos hernias. Entonces llegó un momento en que ya no podíamos caminar. En algún momento pensé en retirarme pero nunca estuvo dentro de mis objetivos aunque en un momento no podía mover ni mis piernas, ni mis brazos, ese fue el momento más duro durante esta peregrinación. Pero no podía abandonar a mitad de camino, y no lo hice. Yo creo que Juan Pablo Segundo en alguna medida me estaba dando fuerzas para seguir caminando”, agrega, un siempre emotivo Alcayaga, quien finalmente llegó a Polonia, a Cracovia, luego de 70 días, o como él prefiere verlo, luego de años de luchar por un sueño. 4602iR

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