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San Juan Pablo II en su encíclica Laborem exercens. ¿La Clave?

El quince de noviembre es una fecha importante en la historia de la lucha obrera en el Ecuador y de la evolución de la concepción del trabajo y su importancia en el desarrollo individual y social. Es pues, una ocasión propicia para escribir sobre un tema que según Juan Pablo II en su encíclica Laborem exercens “es una clave, quizá la clave esencial de toda la cuestión social”.

Es indudable el papel del trabajo en el control y transformación de la naturaleza, pero es innegable también que se ha puesto mucho interés en conseguir el objetivo de dominar lo natural y ponerlo al servicio del hombre y poco en lo que el trabajo humano significa para conseguirlo. Por eso, no siempre se le ha reconocido su papel en el progreso de la humanidad, y más vale se lo ha concebido a veces como un instrumento de producción y otras veces como una mercancía sujeta a la ley de la oferta y la demanda.

La encíclica, antes mencionada, nos recuerda que el trabajo es una de las características que distingue al hombre del resto de los seres, que el ser humano es el sujeto del trabajo en el que a su vez realiza su propia humanidad. “El trabajo es un bien del hombre –es un bien de su humanidad– porque mediante el trabajo el hombre no solo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en cierto sentido se hace más hombre”.

Lo que antecede nos ayuda a entender la dignidad del trabajo, cualquiera que sea y la importancia de pertenecer al mundo laboral. No solo se trata de conseguir una remuneración que permita vivir sin angustia y con las necesidades básicas cubiertas, se trata del reconocimiento social de que se es una persona útil a la que la comunidad le asigna un espacio para su propia realización. De allí la importancia de trabajar para construir un país, una sociedad justa donde todos los seres humanos puedan contribuir a su desarrollo.

Pero hay que reconocer que no siempre las sociedades se han organizado entendiendo que lo más importante son las personas y su realización, sino que más bien, la historia está llena de ejemplos en los que todo se organizó en torno al bienestar del gobernante o de quienes tienen el dinero que mueve la economía del país, o de una ideología que puede convertir al ser humano en mercancía o en esclavo.

La solidaridad tiene un papel importante en la evolución de las relaciones laborales, tanto la que se da entre los trabajadores como la de los demás, que cuando toman conciencia del problema se sienten y se vuelven parte de la lucha por los derechos de quienes aportan silenciosamente con su trabajo al bienestar común. Es, entonces, cuando se producen cambios profundos en la conducta social y en la organización política, porque, probablemente Juan Pablo II tenía razón: “el trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial de toda la cuestión social”.

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