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Preparándonos para un nuevo Año Litúrgico.

La Iglesia nos invita en estos días a concluir el ciclo litúrgico y lo hace recordándonos aquellas palabras que nos regala el Señor: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Estas palabras eternas, nos invitan a  reflexionar sobre nuestro afán de inmediatizarlo todo. Toda la prisa que imprimimos en nuestra vida nada tiene que ver con la voluntad del Padre que nos ama por encima de todo. El nos pide que tengamos una visión más panorámica de las cosas y, sobre todo, la capacidad de desplazar a la eternidad, nuestros objetivos, nuestros sueños, nuestras esperanzas. Él estará siempre esperándonos, Él no pasara y sus palabras son de vida eterna. Cuantas ilusiones destrozamos en el tiempo, cuantos engaños recibimos o protagonizamos en nuestro equivocado desempeño. Esto es lo que nos pasa y por ello nos alejamos de Dios y, lo que es peor, sin apercibirnos de ello.  ¿Cuántos equivocados le han dado la espalda a Dios?

San Agustín, con una expresión vigorosa, dijo: “la ley estaba preñada de Cristo” y nos invita a encontrarle en las lecturas evangélicas. En ellas hemos encontrado a Cristo a lo largo del camino que Él mismo había trazado. Todos los Santos nos han invitado a, lo largo de este año litúrgico, a descubrir la majestad de Dios. Si nos decidimos a conocer la vida intensa de uno de ellos veremos y sentiremos lo que nada ni nadie han conseguido en nosotros. La existencia de estos Santos es incuestionable. Preguntémonos, entonces, ¿cómo se puede eludir la existencia de Dios con los legados que han dejado miles y miles de Santos y Santas? Yo, he conocido tan solo a uno, San Juan Pablo II, su riqueza espiritual es tan grande que se hace difícil conocerla globalmente. Lo que sí se puede decir de Él es que su corazón estaba lleno de Jesucristo. Este legado es de incalculable valor.

Aprovechemos la oportunidad que nos ofrece el nuevo año litúrgico para empezar con el pie derecho, desde el primer día a, conocer de verdad, a nuestro Padre.

La invitación que nos hace el Señor con estas palabras: Escudriñad las Escrituras: ellas son las que dan testimonio de Mi, son una invitación a darle un sentido claro y definitivo  a nuestra vida.

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