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“¡No vengáis a Europa!” Epitafio de la política de inmigración en Europa

“No vengáis a Europa” es la advertencia que Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, dirige a las personas que,  por hambre,  cambio climático o por la  brutalidad de la guerra se ven forzadas a buscar asilo fuera de su propio país. “No vengáis a Europa” es el epitafio del fracaso de la política migratoria de la Unión Europea —en gran medida responsable de los 25.000 ahogados en los últimos años en el mar (3.500 en año 2015 y más de 400 en lo que va de año), de los 10.000 niños desaparecidos, de las violaciones de mujeres migrantes, del hacinamiento o abandono de enfermos y ancianos en campos de concentración—  y de tanto dolor inútil y humillación a la dignidad humana. El último episodio de esta obscena política se acaba de consumar en la firma del acuerdo con Turquía del 17-18 de marzo 2016. La imagen que nos deja, deportando a seres humanos como a manadas de animales a un país  tercero, más pobre y menos respetuoso con los Derechos Humanos, es la de un colonialismo similar al de los siglos XVII-XIX o —salvando distancias— al mismo nazismo a partir de  los años 20 del pasado siglo.

La UE, o más bien el Consejo y  la Comisión Europea,  no puede lavarse las manos como Pilatos en este drama,  porque,  con su  política neoliberal de apropiación de los recursos del planeta, con la imposición de los intereses geoestratégicos de las grandes potencias (USA, Francia y sus aliados Arabia Saudita, los Emiratos y Turquía) y las secuelas de destrucción de los recursos agrícolas que dejan las guerras en Afganistán, Irak, Siria,  es causa determinante  de  estos éxodos masivos. Por si fuera poco,  la UE está apoyando, según the Migrants’ files/El Confidencial, con 13.000 millones de euros  a empresas privadas que venden barcos, satélites y  drones de vigilancia para impedir la llegada de refugiados a sus costas. Todo lo cual ha creado un contexto  apropiado para que en diferentes países —Polonia,  Hungría, Austria, Dinamarca, etc. — se haya despertado con fuerza la xenofobia y el racismo; y en otros, como España, se creen los CIEs y se levanten concertinas para impedir el paso de inmigrantes.

Lo que late más al fondo es una crisis de valores que ha sido capaz de humillar a Grecia —cuna en gran parte del alma europea— y de humillarse ante los euroescépticos del “brexit” —que tanto han contribuido a la actual desnaturalización del proyecto europeo—. Este acuerdo con Turquía supone un golpe de gracia  a Europa como patria de las  libertades, de la seguridad y justicia —fundada sobre los valores de la dignidad humana, la libertad, la igualdad y solidaridad—, confirmada en La Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y de la Tratados internacionales sobre políticas de asilo. Si no es la muerte definitiva de la Unión, al menos es un negro presagio.  Ni el Consejo de Europa ni  la Comisión Europea han tenido talento ni el valor suficiente para dar a este gran desafío del siglo XXI otra respuesta distinta a la militar y el dinero, a las vallas y las deportaciones. ¡Así no nos representan, nos causan vergüenza ajena!

Como Redes Cristianas, después de rechazar frontalmente la solución dada, inhumana y vergonzante,  al desafío que suponen unos flujos migratorios  —que van a seguir produciéndose—,  conscientes  de que la apertura sin más de fronteras tampoco parece una solución fácil, estamos convencidos y convencidas de que hay otras soluciones mejores y solidarias con la especie humana. Apostamos por una alternativa que llegue a superar la actual política instrumental — que solo acoge cuando necesita, y que tan provechosamente ha practicado Alemania—, en beneficio de otra más generosa e igualitaria, justa y solidaria con todos los seres humanos y pueblos. Una política de rescate del alma de Europa, actualmente secuestrada por mercaderes y xenófobos, y que  ponga  en cuestión el concepto mismo de “país seguro”, tan generosamente otorgado a la actual  Turquía. Una política que rechace abiertamente el modelo español con Marruecos que, por dinero y otros motivos políticos, está bloqueando el flujo migratorio del Norte de África.

Con este propósito, suscribimos la palabras tan acertadas de monseñor Santiago Agrelo, obispo de Tánger: “¿Qué dirían ustedes de una sociedad que persigue a hombres, mujeres, niños vulnerables e indefensos, a los que leyes inicuas han hecho ilegales, irregulares, clandestinos, los acosase como si fuesen alimañas, los persiguiera como si fuesen criminales, los golpease como no se permitiría  con los animales, y los cercase para rendirlos por Hambre?”

Fuente: http://www.redescristianas.net/

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