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Mejorar las homilías se puede y se debe hacer.

La diócesis estadounidense de Detroit ha tomado las palabras del Papa Francisco acerca de la necesidad de una prédica efectiva, no aburrida pero no llena de excesos por parte de los sacerdotes durante la misa, como una llamada a formar y forjar a sus futuros sacerdotes.

Paco Gavrilide, instructor de homilética en el Seminario Mayor Sagrado Corazon de Detroit tiene clara la misión de este programa conocido como Preaching BootCamp, campamento de prédica.

«Una de las cosas por la cual la Iglesia se preocupa más es la prédica, una muy buena predica… hombres que puedan hablar de la Palabra de Dios con claridad, convicción y coherencia, con poder -explica Paco-. En los últimos años ha existido y existe una preocupación por mejorar en esta área en particular dentro de la vida de la Iglesia. La prédica tiene que ser más personal, más animada, mucho más viva y centrada en la Sagrada Escritura».

Para lograr esta meta, la diócesis ha buscado ayuda de profesionales: Arthur Beer y Mary Bremer, actores profesionales y maestros de actuación en la University of Detroit Mercy trabajan con los jóvenes seminaristas. «Preparamos a los seminaristas para su primera homilía», dice Mary Bremer.

«Ha sido una adición maravillosa para nuestro programa de formación, incluir a dos profesores de la University of Detroit Mercy», agrega Paco. “Creo que esta clase debería incluirse en el programa anual de formación”, comenta el joven seminarista Zaid Chaban.

Para el profesor Beer, lo más atractivo de este entrenamiento es el hecho de que estos caballeros saben que pasarán el resto de sus vidas hablando en público y muestran un profundo empeño en aprender durante las sesiones.

Adam Nowak, seminarista en el Seminario Mayor del Sagrado Corazon, resalta la importancia de este programa: “Lo que más me gusta de este programa es que resalta la importancia de la prédica; la mayoría de las personas sólo vienen a la iglesia los domingos por espacio de una hora, lo que nos deja con un corto tiempo para llegar a ellos y predicarles acerca de Cristo, quince minutos en los que debes de predicar acerca de Jesús, y si en esos pocos minutos lo único que logras es ponerlos a dormir, ¿qué has hecho por ellos?», concluye Adam.

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