Go to Top

«Los que estafan y siembran cizaña no son felices»

El Papa durante la Misa en el Cementerio del Verano, en el día de Todos los Santos: la vía hacia la beatitud es «ser simples, humildes, mansos, saber llorar, trabajar por la paz y perdonar»

¿La felicidad? La alcanza quien es simple, humilde, manso, quien sabe llorar, trabajar por la justicia y por la paz, quien se deja perdonar por Dios para convertirse en un instrumento de Su misericordia. Son las indicaciones que dio Papa Francisco en la Misa en la entrada monumental del Cementerio romano del Verano, en el día de Todos los Santos, basándose en el Evangelio de las Beatitudes.

Concelebraron con el Pontífice el cardenal vicario de Roma Agostino Vallini, el arzobispo Filippo Iannone, viceregente de la diócesis de Roma, y el párroco de San Lorenzo extra-muros, el padre Armando Ambrosi.

«Hemos escuchado a Jesús que enseña a sus discípulos y a la multitud reunida en la colina del lago de Galilea -comenzó Francisco. La palabra del Señor resucitado y vivo nos indica también a nosotros, hoy, la vía para alcanzar la verdadera beatitud, la vía que conduce hacia el Cielo. Es un camino difícil de comprender porque va contra corriente, pero el Señor nos dice que los que van por esta vía son felices, tarde o temprano se vuelven felices».

«Beatos los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos», recordó Bergoglio, para comentar: «Podemos preguntarnos ‘¿Cómo puede ser feliz una persona pobre de corazón, cuyo único tesoro es el Reino de los cielos. Pero la razón es justamente esta: que al tener el corazón despojado y libre de muchas cosas mundanas, esta persona es ‘esperada’ en el Reino de los Cielos».

«Beatos quienes saben llorar, porque serán consolados». ¿Cómo pueden ser felices los que lloran?, se preguntó el Papa. «Quienes en la vida no han sentido nunca la tristeza, la angustia, el dolor, no conocerán nunca la fuerza de la consolación. Felices, en cambio, pueden ser cuantos tienen la capacidad de conmoverse, la capacidad de sentir en el corazón el dolor que hay en su vida y en la vida de los demás. Estos serán felices, Porque la mano tierna de Dios Padre los consolará y los acariciará».

«Beatos los mansos», retomó Bergoglio, «y nosotros, al contrario, cuantas veces somos impacientes, estamos nerviosos, siempre listos para quejarnos. Tenemos muchas pretensiones con los demás, pero cuando nos tocan a nosotros, reaccionamos levantando la voz, como si fuéramos dueños del mundo, mientras en realidad somos todos hijos de Dios». Papa Bergoglio invitó a pensar «en esas mamás y esos papás que son muy pacientes con los hijos, que ‘los hacen enloquecer’. Esta es la vía del Señor: la vía de la mansedumbre y de la paciencia. Jesus recorrió esta vía: cuando era pequeño soportó la persecución y el exilio; y después, de adulto, las calumnias, las trampas, las falsas acusaciones en el tribunal; y soportó todo, con mansedumbre», incluso «la cruz».

«Beatos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán saciados». Sí, explicó Bergoglio, «los que tienen un fuerte sentido de la justicia y no solo hacia los demás, sino antes que nada hacia sí mismos, estos serán saciados, porque están listos para acoger la justicia más grande, la que solo Dios puede dar».

Y en particular, «Beatos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia». Serán felices, dijo el Papa, los que «saben perdonar, los que tienen misericordia por los demás, los no juzgan todo ni a todos, sino que tratan de ponerse en los zapatos de los demás». Porque el perdón es «la cosa que todos necesitamos», sin exclusos. «Por ello, al comienzo de la Misa nos reconozcámonos como lo que somos, es decir pecadores. Y no es una forma de decir, una formalidad: es un acto de verdad. ‘Señor, heme aquí, ten piedad de mí’». Y si somos capaces de «dar a los demás el perdón que pedimos para nosotros, somos beatos. Como decimos en el Padre Nuestro: ‘Perdona nuestras ofensas como también perdonamos a los que nos ofenden’».

«Beatos los agentes de paz, porque serán llamado hijos de Dios». Veamos, pidió Papa Francisco, «la cara de los que van por ahí sembrando cizaña. ¿Son felices? Esos que siempre buscan ocasiones para estafar, para aprovecharse de los demás, ¿son felices? No, no pueden ser felices». Al contrario, «los que cada día, con paciencia, tratan de sembrar la paz, son artesanos de la paz, de la reconciliación, estos sí que son beatos, porque son hijos verdaderos de nuestro Padre del Cielo, que siembra siempre la paz, a tal grado que mandó al mundo a su Hijo como semilla de paz para la humanidad».

Esta, indicó Francisco, «es la vía de la santidad, y es la misma vía de la felicidad». Es la vía que recorrió Jesús: «Él mismo es eta Vía: quien camina con Él y pasa a través de Él entra en la vida, en la vida eterna».

Después el Papa invocó: «Pidamos al Señor la gracia de ser personas simples y humildes, la gracia de saber llorar, la gracia de ser mansos, la gracia de trabajar por la justicia y la paz, y, sobre todo, la gracia de dejarnos perdonar por Dios, para convertirnos en instrumentos de su misericordia».

Y, si los santos se comportaron de esta manera: «ellos nos acompañaron en nuestro peregrinar terreno, nos animan a seguir adelante. Que su intercesión nos ayude a caminar en la vía de Jesús, y obtenga la felicidad eterna por nuestros hermanos y hermanas difuntos, por quienes ofrecemos esta Misa».

A su llegada al Cementerio del Verano, Papa Bergoglio fue recibido por el neo-comisario de Roma, Francesco Paolo Tronca, que le estrechó la mano y mantuvo con él una breve conversación.

DOMENICO AGASSO JR
ROMA

, , , , ,