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Los nacionalistas hindúes pasan de los cristianos

Comienza una investigación sobre los ataques contra las Iglesias de Delhi. El anuncio del Ministro del Interior hindú, Rajnath Singh, ha servido, por el momento, para aplacar las tensiones que han sacudido las relaciones entre la Iglesia católica y el gobierno federal en la India.

 El ministro recibió ayer a una delegación de alto perfil de católicos de Delhi, en la que participó, entre abogados y sacerdotes, Sebastián Suasi, vicario general de la diócesis de Delhi, y el famoso activista católico John Dayal. Ambos formaban parte de la manifestación que invadió pacíficamente la capital para pedir que se detengan los ataques, «justicia para los cristianos» y «tutela para las minorías».

 

 

La manifestación no había sido autorizada, y un cordón de la policía impidió que los manifestantes se acercaran a la sede del Ministerio del Interior, blanco elegido pues los manifestantes también pretendían llamar la atención sobre el inmovilismo de las fuerzas del orden. Volaron empujones y algún macanazo. Hombres y mujeres, sacerdotes y monjas se vieron obligados a abordar nuevamente los autobuses en los que habían llegado. La policía detuvo temporalmente por la calle a pequeños grupos de manifestantes. La delegación de los cristianos, en cambio, obtuvo el permiso para encontrarse con el ministro. Por lo que la protesta parece haber tenido un resultado positivo: inducir al gobierno a tomas las riendas de un argumento que ha suscitado temores entre la comunidad cristiana de la India, pequeña minoría (que representa alrededor del 2% de la población del país, mil millones de habitantes). Desde hace algunos meses, los obispos y los sacerdotes se quejaban del silencio de las instituciones frente a la progresiva campaña de odio y de violencia que algunos grupos de hindúes extremistas (creadores de la ideología “hindutva”, que predica «la India hindú») promueven con mayor libertad y agresividad que en el pasado.

 

 

Tales grupos militantes, que se pueden identificar entre la sociedad civil por sus uniformes color azafrán, no son ninguna novedad en el panorama social y religioso del subcontinente asiático. En las últimas décadas, las minorías han advertido la incómoda presencia de grupos radicales, un virus casi fisiológico en una sociedad plural, arraigada en una Constitución de raíces británicas, y que se enorgullece de haber creado «la mayor democracia del mundo».

 

 

Famosos episodios, como la masacre de musulmanes en Gujarat (de 2004), después de la antigua disputa sobre el sitio Ayhodhya, en el estado de Utta Pradesh (¿mezquita o templo hindú?), o las masacres anti-cristianas de 2008 en el estado de Orissa, han llamado la atención internacional sobre la difícil cuestión de los grupos nacionalistas que nutren nel fanatismo religioso y pretenden extirpar a las minorías del tejido social. Pero la democracia hindú siempre ha sabido contener las heridas, gracias a una tradición milenaria caracterizada por la armonía y la coexistencia de diferentes culturas y religiones.

 

Sin embargo, la situación parece haber empeorado, según los cristianos, desde que llegó al gobierno Narendra Modi, líder nacionalista del Baratiya Janata Party (Bjp), mismo que nació en los años 80 y que ha ido adquiriendo fuerza política aprovechándose de la militancia de los extremistas hindúes. Poco después de haber nacido, se convirtió en el principal adversario del Partido del Congreso (histórico grupo de la época de Gandhi); el Bjp llegó al gobierno federal en 1998, y en mayo del año pasado, después de un periodo en la oposición, volvió a ganar las elecciones, sobre todo apostando por temas económicos.

 

Se imputan al nuevo gobierno y a su partido simpatías con los grupos radicales que, seguros del apoyo político, habrían intensificado sus acciones violentas, desplegándolas en un mayor espacio, y con una cierta impunidad, gracias a unas fuerzas del orden y a un poder ejecutivo no hostiles e incluso complacientes.

 

Hay que tener en cuenta este contexto para comprender la preocupante oleada de violencia en contra de cinco Iglesias de Delhi. Diferentes informes e investigaciones sobre la violencia en contra de las minorías han indicado un aumento preocupante desde el segundo semestre de 2014, es decir desde que el Bjp y Modi se encuentran en el poder.

 

Tan es así que el Rashtriya Swamyamseval Sangh («Cuerpo nacional de voluntarios »), histórico grupo militante extremista, ha multiplicado sus células locales tratando de “azafranizar” todo el sistema educativo, para condicionar la mentalidad de las nuevas generaciones.

 

Por otra parte, algunas alarmas de las minorías parecerían injustificadas: en primer lugar, porque la India cuenta con una firme tradición democrática y posee «los anticuerpos» necesarios para combatir el virus del integralismo. En segundo lugar, porque la mayor parte de la población hindú reconoce y aprecia el aporte que los cristianos han y siguen ofreciendo en el campo de los servicios sociales y educativos, con los que han beneficiado, mediante programas de educación de elevado nivel, a muchísimos estudiantes no cristianos.

Paolo Affatato
Roma

VATICAN INSIDER

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