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Libro Recomendado: La eucaristía. Medicina de inmortalidad.

Comprender teológicamente la Eucaristía –y por qué no decirlo, culturalmente– implica comprender en gran medida la naturaleza del cristianismo, de Dios, de Jesucristo, de la Iglesia, de los sacramentos. ¿O acaso en la Iglesia no es importante reflexionar, vivir y celebrar la Eucaristía? El Concilio Vaticano II lo dijo con toda claridad: «la Eucaristía es fuente y cima de toda la vida cristiana» (LG. 11) De ahí que frente a la desamortización eucarística en la vida cristiana, como tentación de todos los tiempos, también del nuestro, no está de más acercarse a un libro como el del difunto cardenal jesuita Tomás Spidlík, para beber de una fuente de aguas cristalinas. Fue un hombre que se caracterizó por un profundo conocimiento de la teología patrística y oriental y que ha creado una escuela de espiritualidad que tiene como una de sus características principales la apuesta por la vía estética, tal y como, por ejemplo, la desarrolla su discípulo Ivan M. Rupnik; estética eucarística, podríamos decir también.

Dicen los antropólogos, principalmente los que pertenecen a escuelas materialistas, que el hombre es lo que come. El alimento, en las culturas antiguas, tenía un valor religioso y estaba íntimamente ligado a la percepción de la acción de la divinidad. El alimento tenía carácter sagrado y el banquete era el acontecimiento de la revelación de esa sacralidad que acompaña al alimento. El alimento también es presencia de vida. Reconocer que el alimento procede de Dios es como decir que sin Dios no se podría vivir. El alimento se desea, entre otras razones, porque es necesario para la vida; el alimento debe hacerse presente, es presencia. Todo el universo referido a los ritos de nutrición es asumido como pórtico en este precioso libro, escrito a partir y como glosa de la encíclica de san Juan Pablo II Mane nobiscum Domine, para ayudarnos a comprender la profunda dimensión humana, y divina, de la Eucaristía.

De hecho, en este libro se perciben ecos de una pretensión constante de dialogar con la filosofía personalista. El padre Spidlík, lógicamente, no se queda ahí. Inmediatamente lleva al autor a la comprensión de la Última Cena y de la presencia de Cristo entre nosotros, a partir de las palabras del Evangelio. Bossuet escribió: «Jesús toma la carne de cada uno de nosotros cuando cada uno de nosotros recibe su carne». Y de ahí a la Iglesia.

La Eucaristía arroja luz no sólo hacia fuera de la Iglesia, iluminando la naturaleza de lo humano. También lo hace hacia dentro de la Iglesia, hacia su estructura, hacia los elementos que la constituyen, como son el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial, por ejemplo. De hecho, en no pocos aspectos, cada uno está en la Iglesia respecto al lugar y en la distancia –metafóricamente hablando– cuyo punto de referencia es la Eucaristía. La renovada visión evangélica de la Iglesia, que propugna el Papa Francisco, no se contradice, ni mucho menos, con una renovada visión eucarística de la Iglesia.

José Francisco Serrano Oceja
 Alfa y Omega
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