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«Las cárceles son un síntoma de cómo estamos en la sociedad»

Papa Francisco: «No quería irme sin venir a saludarlos, sin celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes. Quiero reafirmar una vez más la confianza a la que Jesús nos impulsa: la misericordia que abraza a todos y en todos los rincones de la tierra. No hay espacio donde su misericordia no pueda llegar, no hay espacio ni persona a la que no pueda tocar».

Con estas palabras el Papa Francisco saludó a los 700 detenidos del Centro de Readaptación Social Estatal de Ciudad Juárez, en  su reciente visita apostólica a México. El Santo Padre quiso encontrarse con ellos para celebrar juntos el Jubileo de la Misericordia, recordando que todos somos pecadores y que Dios, en su infinita bondad, nos renueva del pecado. Sobre ello, la comunidad espiritual de Radio Vaticana presente en Facebook y en Twitter escribe los siguientes comentarios.

Sara Alcántara comenta: “Detrás de cada persona que cumple condena en una cárcel, hay una historia de vida marcada por tantos factores que la han conducido hasta allí. Si bien es cierto que se debe pagar por un delito cometido la condena justa,  el tiempo en prisión debe enfocarse a la readaptación social de esa persona que se ha equivocado, ayudarla a que sea capaz de comprender el daño que ha hecho y a arrepentirse aunque ya no pueda volver atrás, al menos así podrá recapacitar y no volver a repetirlo”.

Papa Francisco: «Celebrar el Jubileo de la misericordia con ustedes es recordar el camino urgente que debemos tomar para romper los círculos de la violencia y de la delincuencia. Ya tenemos varias décadas perdidas pensando y creyendo que todo se resuelve aislando, apartando, encarcelando, sacándonos los problemas de encima, creyendo que esas medidas solucionan verdaderamente los problemas».

Víctor Esteban comparte: “Si tratamos a personas como si fueran animales, lo único que conseguiremos es alimentar en ellos  los instintos más primitivos ocultos en su interior, haciendo que se conviertan en peores individuos, potenciando sus rencores, odios y resentimientos”.

Melisa Barrera escribe: “A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas y fomentar en ellos resentimientos para que quieran seguir cometiendo delitos, en lugar de promover los procesos de reinserción que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a tomar esta determinada actitud. Como dijo el Papa Francisco, el problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad que afectan a todo el entramado social».

Papa Francisco: «La misericordia divina nos recuerda que las cárceles son un síntoma de cómo estamos en la sociedad, son un síntoma en muchos casos de silencios y de omisiones que han provocado una cultura del descarte. Son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de una sociedad que poco a poco  ha ido abandonando a sus hijos».

Juan Pedro Cruces comparte: “Hay tantas personas que han crecido sin amor, y desorientados, y por errores cometidos han terminado en la cárcel. Quien ha cometido un delito o crimen debe pagarlo, y es justo que se vea privado de su libertad, pues este es el regalo más grande que Dios nos dio, pero eso no nos da derecho al resto de la sociedad a erigirnos en jueces que miren desde arriba a los presos. Para Dios todos sus hijos somos iguales, y por eso nuestra misión debe ser ayudar al preso a cambiar, a renovarse, a arrepentirse y a conocer la misericordia del Padre”.

Papa Francisco: «No se olviden que también tienen a su alcance la fuerza de la resurrección, la fuerza de la misericordia divina que hace nuevas todas las cosas».

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