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La mirada del Papa Juan Pablo II a Virgen de La Cinta. Huelva

La Iglesia Diocesana se reúne hoy, a partir de las 10:30, en la Rotonda de Juan Pablo II en acción de gracias por su canonización Se conmemora la visita a Huelva hace 21 años

LA visita del Papa Juan Pablo II a Huelva dos décadas después sigue mostrando una gran vigencia. Un acontecimiento escrito con letras de fuego en nuestra historia que sigue latiendo de manera cotidiana en esta provincia. Es un hecho que no se diluye en el tiempo ni mucho menos se podrá olvidar. Hoy es 14 de junio, una fecha marcada en el calendario de las efemérides de la vida de esta ciudad. Lo que es más importante aun es el hecho de que la visita del Papa a Huelva va más allá de un día o de un año; se incardinó en el espíritu de esta Diócesis, que la recuerda con grata facilidad. Es más, sus palabras siguen latiendo en el día a día, como emblema de esfuerzo y horizonte de futuro se recuerda el mensaje: «Huelva: se tú misma, descubre tus orígenes, aviva tus raíces». Lo mismo que aquellas otras que pronunció en el balcón de las marismas almonteñas invitando a convertir El Rocío en una escuela de vida cristiana. Con cercanía invitó a que «todo el mundo sea rociero».

Ese latido diario del Papa en Huelva tiene hoy una continuidad conmemorativa. La Diócesis se vuelve a reunir alrededor de su figura, ahora con ocasión gozosa de su canonización, el pasado día 27 de abril. A muchos les cuesta llamarle San Juan Pablo II, lo mismo que pasa con Santa Ángela de la Cruz; de cualquier forma no se pierde el afecto cercano e íntimo con quien un día quiso visitar esta Diócesis. En esta esquina del sur, grandes hombres pisaron su tierra, de Cristóbal Colón a Juan Pablo II. Colón cambió el mundo en el siglo XV y el Papa polaco le dio un vuelco al pensamiento y las aptitudes en el XX.

El 14 de junio constituyó la coronación con éxito de un gran esfuerzo, de una celebración que nada tuvo que ver con los fastos del 92, aunque el origen era el mismo de celebración por el encuentro con América. Lo que aquí se hizo fue gracias al esfuerzo y tesón de muchos voluntarios, nada de comisarios con sueldazos. Aquí trabajaron muchos poniendo hasta la gasolina. Más de los que algunos se piensan y sin olvidar a los que estaban entre bastidores. Sencillo fue poner las flores y los jarrones. Lo importante, el trabajo de coordinación que mantuvo viva la ilusión durante varios años gracias al esfuerzo del incansable e inagotable Juan Mairena; supo conseguir con su cercanía y trabajo ilusionar a muchas personas diversas con un frente común: la celebración del V Centenario de la Evangelización de América. Un gran programa de evangelización que ha ido teniendo sus frutos en su continuidad con otros objetivos, como el que ahora está a punto de concluir, dedicado a La parroquia es mi familia. Se incluyeron las coronaciones canónicas de patronas de la Costa vinculadas al hecho colombino, y se celebraron los congresos internacionales mariano y mariológico. Como se acuñó en las páginas de Huelva Información, se consiguió que ésta fuese la capital espiritual del 92.

Se pudo comprobar la cercanía afectiva del Papa Juan Pablo II con el obispo de Huelva, Rafael González Moralejo, por el que preguntaba a todo aquel que le visitaba desde Huelva. «¿Y Moralejo?», decía. Se conocieron en el Concilio Vaticano II y su amistad fue clave para que el propio Papa accediera a venir a esta provincia en su viaje apostólico a España con ocasión del V Centenario. En ese tiempo no hay que olvidar tampoco la presencia del obispo coadjutor, Ignacio Noguer Carmona, que aunque su actuación fue siempre desde la discreción en todo lo que podía significar protagonismo, sí estuvo cercano a lo que en el Obispado se necesitara.

Una de las grandes cosas que se pudo comprobar con esta organización, sin precedentes en nuestra ciudad, era que se podían conseguir grandes retos si se trabajaba con un mismo objetivo: Huelva. Nadie dijo no, todos pusieron algo, a veces tan sencillo y a la vez importante como era, simplemente, ofrecer aliento para que nada desfalleciera. Huelva supo sacar rendimiento a este gran acontecimiento, dejó a un lado sus complejos y se veía con las posibilidades de hacer realidad grandes sueños. No era sólo lo trascendente de la presencia de un papa de Roma sino, además, de Juan Pablo II, artífice del gran cambio surgido en la Iglesia, vinculado a hechos trascendentales como la caída del muro de Berlín.

El 14 de junio de 1993 fue un día gozoso por tantas cosas, como ver a Juan Pablo II arrodillado ante la Virgen de la Cinta o mirándole su rostro sin dejar de agarrarse a su paso. Imágenes que retiene el tiempo en un compromiso de fe.

Vimos aquí en Huelva a un Papa al que se le notaba físicamente sus muchos años, se agarraba a su báculo como fuente generadora de vida. El agotamiento era evidente, pero aún tendría que ofrecer muchas imágenes que conmoverían a todos al estar luchando hasta el final.

La visita de Juan Pablo II a Huelva quedó grabada en el corazón de la Diócesis que le acogió con afecto. La rotonda donde celebró la misa fue rotula -en una iniciativa nacida en este periódico- con el nombre de Juan Pablo II, habrá que pedir ahora que sea de San Juan Pablo II. Su imagen está en cuadros, esculturas y azulejos en muchas de nuestras iglesias, en monumentos en Huelva y en El Rocío.

El último vínculo con Huelva se vivió en Roma el Día de Andalucía de 2005, cuando Juan Pablo II aceptó el ofrecimiento de una réplica de la Inmaculada del monumento de Huelva, que le acompañó en los últimos días de su vida. Llegó por este gesto su bendición a la Diócesis, dirigida al obispo Ignacio Noguer, y todos la compartimos. Hoy, como recuerdo de aquello, en el mismo lugar, y con ocasión de su canonización, habrá misa de acción de gracias a las 10:30 y la presidirá una imagen del papa santo.