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La familia es amenazada por la ideología de género.

En el discurso entregado a los obispos de Puerto Rico, Francisco citó la violencia doméstica, el narcotráfico, la corrupción. «Sean anunciadores del Evangelio y custodios de la esperanza de su pueblo»

Consolidar la pastoral frente a muchos problemas que afligen a la familia: la «difícil situación económica, la migración, la violencia doméstica, el desempleo, el narcotrico y la corrupción» y la «ideología de género» que la pone en discusión. Lo escribió Papa Francisco en el discurso que entregó a los obispos de Puerto Rico, en visita “ad limina apostolorum”.

El Papa insistió en que es necesario «consolidar cada vez más la pastoral familiar frente a los graves problemas sociales que la afligen: la difícil situación económica, la migración, la violencia doméstica, el desempleo, el narcotráfico y la corrupción. Son realidades que suscitan preocupación. Permítanme llamar su atención sobre el valor y la belleza del matrimonio. La complementariedad entre un hombre y una mujer, eje de la creación divina, es puesta en discusión por la llamada ideología de género, en nombre de una sociedad más libre y más justa. Las diferencias entre el hombre y la mujer no son mediante la contraposición o la subordinación, sino más bien mediante la comunión y la generación, siempre “a imagen y semejanza” de Dios. Sin el aporte recíproco ninguno de los dos puede comprenderse profundamente. El sacramento del matrimonio es signo del amor de Dios por la humanidad y la entrega de Cristo por su esposa, la Iglesia. Custodien este tesoro, uno de los “más importantes de los pueblos latinoamericanos y caribeños”», escribió el Papa citando el documento final del encuentro del episcopado latinoamericano en Aparecida en 2007.

El Papa invitó a los siete obispos del país caribeño, con los que se reunió a la hora del almuerzo en la Casa Santa Marta, a «tomar distancias de cualquier ideologización o tendencia política que pueda hacerles perder tiempo y el verdadero ardor por el Reino de Dios», porque «la Iglesia, en razón de su misión, no está vinculada a ningún sistema político para poder ser siempre», como afirmó el Concilio Vaticano II en la “Gaudium et Spes”, «signo y salvaguardia del carácter trascendental de la persona humana».

«Ustedes –se lee en el discurso entregado por el Papa–, anunciadores del Evangelio y custodios de la esperanza de su pueblo, son llamados a continuar escribiendo la obra de Dios en las Iglesias locales, animados por espíritu de comunión eclesial, haciendo que el crecimiento y la luz de la verdad brille todavía en nuestros días». Francisco invitó a los religiosos a recurrir no solo a la oración, sino también a «la amistad y a la ayuda fraterna» frente a «la grandeza y la desproporción» de los problemas del país, poniéndolos en guardia frente a los riesgos de «gastar energías en divisiones y disputas».

El obispo, prosigue el discurso, es «modelo para sus sacerdotes y los anima a buscar siempre la renovación espiritual y volver a descubrir la alegría de guiar al propio rebaño en la gran familia de la Iglesia». En vista del próximo Jubileo de la Misericordia, Bergoglio pide a los obispos y a los sacerdotes que sean «siervos del perdón de Dios, sobre todo en el Sacramento de la Reconciliación, que permite experimentar en la propia carne el amor» de Dios. Para tener buenos pastores, se lee, «es necesario cultivar la pastoral vocacional», así como es necesaria la colaboración generosa de los laicos para anunciar el Evangelio en todos los ambientes, «incluidos los más hostiles y alejados de la Iglesia», en este archipiélago caribeño, en el que, recordó Francisco, se fundó «una de las primeras diócesis que se establecieron en el continente americano».

Iacopo Scaramuzzi
Ciudad del Vaticano

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