Ojalá que los Legionarios de Cristo tengan la inteligencia y agallas para reparar este error en nombre de muchas generaciones anteriores que se esfuerzan sinceramente por hacer una vida muy congruente con el estilo del cristianismo
¿Por qué dedicar una reflexión sobre el video de graduación 2015 de los alumnos del Instituto Cumbres? Por la paradoja en la que nos situamos. Egresados de un colegio para las clases pudientes y de inspiración cristiana, regenteado por una congregación desacreditada, vapuleada, azotada por el escándalo, ahora suma esta colección de imágenes que parecen demeritar uno de sus carismas; el enojo rebasa las esferas clericales para hacernos cuestionar si realmente eso de inspiración cristiana no es adicional a una marca cuando los resultados llevan a la práctica de todo lo opuesto al Evangelio y a la doctrina de la Iglesia sobre la cultura de la muerte, lo banal, superfluo, lo que es del malo.
Infiere una reflexión más honda sobre quiénes provocan esto y porqué hemos llegado a un punto de alarma. Ver a un grupo de mozalbetes que dicen ser especiales por estar educados –y esto muy entrecomillado- en una escuela de élite, con un poderío ficticio y degradante del ser humano, capaz de manipular hasta las fieras más salvajes y someter dominando al prójimo, no fue cosa ni locura de juventud espontánea. Ya está arraigada en las familias y en un clasismo que vive en la irrealidad acentuando brechas muy profundas entre el dolor y el cinismo. No creo que les calen adjetivos como: vacíos, egoístas y mamones. Entre esas familias –si es que se les puede llamar así- crece un mal que afecta a todos, la competencia salvaje, la idea de estar preparados para dominar y someter. Los padres, patrocinando la malcrianza y caprichos de vástagos enanos, no imprimen en sus hijos las ideas básicas de respeto, solidaridad y templanza para saber que no todo es posible en la vida. Una esfera de cristal encierra en su interior el vacío pestilente que corrompe a los hijos para hacer putrefacta su alma. Su proyección es intrascendente para madurar, elevarse en estatura, pero no en sabiduría al ver a los padres y madres que marchan cada cual por su camino. Empresarios exitosos, pero fracasados en la primera de sus empresas; madres fashion y de mundo y, sin embargo, han devastado la primera porción que Dios les confió; hijos de papá, arropados en pañales de seda y protegidos con todo lo que el dinero puede dar, pero diezmados en su interior y consumidos por el sinsentido, por la falta de amor, la ausencia del padre que sabe guiar o la madre que enseñó a amar. Es una crisis de la familia que multiplica generaciones taradas e idiotas, discapacitadas espiritualmente donde lo denigrante, para ellos, es vivir según las clases débiles y populares. Son núcleos de papá, mamá e hijos cuya formación es la del ser humano vientre, de existencias cosificadas, del bienestar corrupto e indecente como el máximo ideal para sus entorpecidas familias, sin impulsos superadores de la miseria personal donde nacen niños y jóvenes asqueantes y sin hambre con el ideal de crecer en plusvalía producto de la imaginería de casa, no para crear seres humanos y más bien para producir seres deshumanizados.
Y por otro lado están los colegios de élite. Un Instituto Cumbres cuya mejor acción ha sido cobarde y timorata a través de inútiles comunicados a fin de deslindar la marca Instituto Cumbres de las acciones de sus malcriados pupilos capaces de invertir una buena cantidad en su producción 2015. Si la dirección del colegio no tenía conocimiento del contenido del video, vaya a saber el amable lector de qué otras cosas ha sido incapaz cuando, desde 2014, otro video de graduación causó indignación en las redes. Lo malo de esta producción es la desafortunada proyección de la esencia de la educación cristiana que dicen otorgar; tal parece que tienen de todo, menos principios basados en el Evangelio; su afán es enrolar y cobrar y no transformar el mundo, dominar y competir haciendo de Cristo un eslogan atractivo de empresa, de mercado, escuelas incapaces de romper la medida del propio yo y cuyos ideales se transforman en amenazas sociales de control, dominio y clasisimo, con fuertes orientaciones egoístas, cínicas, anteponiendo la satisfacción de la competencia sobre el servicio y compasión, sobre la solidaridad y la justicia. Cuando sus voceros dicen que “en algo o mucho hemos fallado”, tienen razón. Han fallado en llevar a Cristo a la conciencia y vida práctica de familias para regentear una empresa que genere ganancias y permita sobrevivir una superestructura congregacional devastada por el escándalo. Tienen razón en decir que han fallado en algo o en mucho cuando sus directivos son incompetentes en realizar los ideales basados en el Evangelio y se encuentran sometidos por el ansia del poder, del control, de la figura y el retrato con pudientes empresarios y políticos. Han fallado en mucho cuando desde tiempo atrás no pudieron atajar el escándalo por los excesos y frivolidades de sus formandos; han fallado en mucho cuando, por estos antivalores en el alma de sus muchachos, permitieron la corrupción encumbrando al semper infimus y destronando al semper altius. Y culpables en mucho por no revestir de Cristo y permitir el uso de la toga púrpura del rico cuando entre ellos, lo mejor, es la competencia para situar la marca y no al Evangelio, de producir imágenes dignas de una cultura de bufones, culpables en mucho por no dar testimonio del Dios crucificado.
Ojalá que los Legionarios de Cristo tengan la inteligencia y agallas para reparar este error en nombre de muchas generaciones anteriores que se esfuerzan sinceramente por hacer una vida muy congruente con el estilo del cristianismo. Una cosa es cierta, y el lector sabrá perdonar mis siguientes palabras. Es iluso y estúpido cambiar un reglamento para transformar a las almas y hacer diferente la existencia de un alumno. Ese es el viejo cliché de las congregaciones religiosas que funcionan por la medida represora de la norma, a tal conducta merecer castigo. Y 180 horas de cursos sobre derechos humanos y teoría de género no hacen una persona. Directivos Legionarios: hay necesidad de parusía, de amor y reconocimiento del sufrimiento, de traspasar las fronteras raseras y hacer, de verdad, una presencia católica en cada alma confiada no por dinero sino en base a la caridad. Porque la sociedad cosificada está en todos los estratos de la sociedad y la tarea de la educación cristiana es liberar de la trama actual que hace seres humanos-cosa, es la lucha de la juventud y es lo que Cristo también llevó a su cruz: aniquilar lo que nos oprime y ser la Iglesia del Reino de Dios con un sentido de totalidad escatológica que rebasa a las propuestas y poderes que esclavizan este mundo.
Guillermo Gazanini Espinoza
SIAME