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La economía se mueve por el afán de tener más, «cultura del descarte»

La palabra “descarte” se ha convertido ya en un término irrenunciable tanto en el mensaje pastoral de la Iglesia como en el análisis de la realidad social. Como otros dos conceptos, “periferia” y “proximidad”, nos son palabras ni nuevas ni extrañas para el castellano, pero el Papa Francisco las ha dotado de una fortísima significación moral.

El “descarte” como expresión de la injusticia social aparece en incontables documentos del Papa Francisco, como en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, pero donde lo ha explicado más clarito es en su entrevista al periodista Henrique Cymerman, en la que nos cuenta cuál es el origen del descarte y cuales son los grupos humanos más “descartados”:

¿Quiénes son los principales descartados para el Papa? Son los niños, empezando por el mismo hecho de descartar su nacimiento; los ancianos, porque ya no son productivos; y los jóvenes. Le preocupa al Papa especialmente el paro juvenil, que en algunos países alcanza el 50%.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué el descarte? Pues, dice el Papa, “por mantener un sistema económico que ya no se aguanta, un sistema que para sobrevivir debe hacer la guerra, como han hecho siempre los grandes imperios. Pero como no se puede hacer la Tercera Guerra Mundial, entonces se hacen guerras zonales.

¿Y esto qué significa? Que se fabrican y se venden armas, para los balances de las economías idolátricas”. Y es que, nos dice también el Papa que “en el centro de todo sistema económico debe estar el hombre, y todo lo demás debe estar al servicio de este hombre. Pero nosotros hemos puesto al dinero en el centro, al dios dinero. Hemos caído en un pecado de idolatría, la idolatría del dinero. La economía se mueve por el afán de tener más y, paradójicamente, se alimenta de una cultura del descarte”.

El juicio del Papa es tremendo. Ya San Juan Pablo II dijo que el capitalismo es, como sistema económico, tan dañino como el comunismo. Pero nadie le hizo caso. Ahora el Papa Francisco dice algo más: que ya no se aguanta a si mismo. Que este sistema económico explota, por inhumano, porque sólo sirve para el bienestar de unos pocos, y para el descarte de muchos. Esperemos que los grandes adalides del sistema, cristianos incluidos, tomen nota. Al menos ahora tendrán que guardarse la ropa a la hora prodigar el bien del sistema y de aprovecharse de él refugiándose en la orilla de los “no descartados”.