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Hoy el reto es descubrir los detalles que Cristo pone en tu vida

Últimamente te hemos comentado que este año nuestro jardín se ha transformado en una colaboración con el Amazonas… pero, con «Tomatito» (el cochecito-cortacésped al que, por su color rojo, le ha caído este nombre) y entre todas, estamos haciendo que aquello vuelva a transformarse en una agradable zona de paseo.

Hace un par de días me tocaba a mí salir a cortar el césped, así que me monté en Tomatito y me lancé a la aventura. Había una zona de hierba altísima y suave, daba gusto pasar por ahí, ver las «olas» que trazaba el viento, el agradable olor a hierba recién cortada, la transformación al pasar la máquina…
En estas poesías estaba yo cuando, de pronto… «¡Clank, clonk, brzzz…!». Durante un instante Tomatito hizo unos ruidos raros, pero continuó tranquilamente su marcha. Sin embargo, yo no me quedé tan tranquila. Paré la máquina y bajé a mirar qué había ocurrido. En cuestión de microsegundos aparecí a todo correr en la sala de abajo, donde me encontré a Israel:

-¡Ay, ay, ay…!

-Pero, ¿qué te pasa? -me preguntó.

-¡Ay! ¡Que le he despeluchado! ¡Me le he cepillado! ¡Le he hecho puré!

-¿A quién? -insistió Israel preocupada.

-¡Ay! ¡Al manzano! ¡El manzano chiquitín que había sobrevivido al invierno! Antes no medía ni un palmo, pero ahora… ¡le reducido a la mínima expresión!

El pobre había quedado oculto por la hierba. No le había visto y pasé por encima de él con el cortacésped…

Israel me animó a echarle agua y abono, ¡y parece que va a sobrevivir! Pero, para evitar una nueva tala indeseada, con unos palos y unos trozos de bolsa negra estoy fabricando unas «banderas» para todos los árboles pequeños: ¡así sabremos dónde están!

Es impresionante, pues muchas veces las cosas pequeñas, llenas de valor, como el manzano, quedan sepultadas entre las preocupaciones, las prisas… las hierbas del día a día.

Cristo está continuamente volcando todo su amor sobre nosotros, ¡pero le encanta hacerlo en detalles pequeños! Lleno de delicadeza, busca sorprendernos en las cosas más cotidianas, ¡y a veces pasamos por encima sin enterarnos!

Hoy el reto del amor es pedir a Cristo que ponga banderas en tu campo, que te avise, que te haga descubrir los detalles que va a poner en tu día. Y, al aprender a verle, cada vez le verás más. Es como el palito, que crece hasta convertirse en manzano, que se llenará de frutos de amor que podrás repartir a los demás. ¿Tu oración hoy? «¡Señor, que me entere!».

VIVE DE CRISTO
www.dominicaslerma.es

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