Hemos logrado ordenar nuevos diáconos permanentes, después de varios diálogos con los colaboradores del Papa en Roma y con obispos mexicanos.

Han aumentado las vocaciones sacerdotales, pues empezamos el curso con 69 alumnos:12 en el Seminario Menor, 10 en el Curso Introductorio,25 en Filosofía y 22 en Teología. De ellos, 39 son indígenas.

Realizamos un Congreso Pastoral sobre el cuidado de la madre tierra, para asumir la responsabilidad de cuidar esta obra de Dios.

Hay más participación de fieles en las Misas y ha aumentado el recurso al sacramento de la confesión.

Más jóvenes se integran a grupos parroquiales, coros y servicios pastorales. Esto es muy importante, dado el cambio cultural que están viviendo, con peligro de perder sus raíces y su fe cristiana.

Dedicamos una asamblea diocesana a la pastoral de la familia, pues su realidad está muy deteriorada.

Empezamos la actualización de nuestro Plan Diocesano de Pastoral, después de diez años de vigencia del anterior.

Sin embargo, también hay motivos para lamentar:

Persisten las divisiones en muchas comunidades, por motivos políticos, sociales, culturales, económicos, y hasta religiosos. Son muy pocos los casos de intolerancia religiosa con otras confesiones cristianas. Lo más doloroso es que haya divisiones entre los mismos católicos, por los diferentes modelos de Iglesia. En vez de aceptar la pluralidad, se quiere imponer la uniformidad, que es contraria a la diversidad que genera el Espíritu.

Aunque hay avances de nuestro Estado en infraestructura, educación, salud y combate a la pobreza extrema, persisten graves situaciones de marginación, miseria y falta de oportunidades. El campo no rinde lo suficiente y las plagas han atacado gravemente al café. Muchos siguen saliendo a otros lugares a buscar trabajo.

Han empezado las campañas preelectorales y se destinan muchos recursos a la propaganda, a regalar y prometer muchas cosas, sólo por el interés de lograr el voto mayoritario. Hay luchas internas en los partidos por obtener una nominación, en vez de trabajar juntos por el bien de la comunidad.

El paso de migrantes centroamericanos por Chiapas no se detiene, y persisten graves violaciones a sus derechos humanos.

La violencia social se ha desbordado. Se bloquean carreteras, se destruyen tiendas y centros comerciales, se pintarrajean casas y monumentos culturales, se lanzan ofensas y amenazas por todas partes. Ya no importa quien la deba, sino quien la pague. Con esto, se afecta gravemente el turismo, que es fuente de vida no sólo para empresarios, sino también para muchos pobres. Es lo que ha pasado en Guerrero, Oaxaca, Michoacán. No deseamos este escenario para Chiapas, pues para nuestro pueblo el turismo es esencial para su sobrevivencia y progreso.

PENSAR

El año pasado, dijo el Papa Francisco: “En nuestra historia personal se alternan momentos luminosos y oscuros, luces y sombras. Si amamos a Dios y a los hermanos, caminamos en la luz; pero si nuestro corazón se cierra, si prevalecen el orgullo, la mentira, la búsqueda del propio interés, entonces las tinieblas nos rodean por dentro y por fuera. «Quien aborrece a su hermano –escribe el apóstol San Juan– está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos» (1 Jn 2,11).

La gracia que ha aparecido en el mundo es Jesús, nacido de María Virgen, Dios y hombre verdadero. Ha venido a nuestra historia, ha compartido nuestro camino. Ha venido para librarnos de las tinieblas y darnos la luz. En Él ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre: Jesús es el Amor hecho carne. No es solamente un maestro de sabiduría, no es un ideal al que tendemos y del que nos sabemos por fuerza distantes; es el sentido de la vida y de la historia, que ha puesto su tienda entre nosotros” (24-XII-2013).

ACTUAR

Tomémonos de la mano de Jesús. En El encontramos el camino, la verdad y la vida, para que este Año sea Nuevo en verdad. Su Palabra y su presencia sacramental son fuentes de amor y paz.