La controversia surgió a lo largo del mes de julio, cuando salieron a la luz una serie de vídeos grabados con cámara oculta por el Centro para el Progreso Médico, en los que altos representantes de la multinacional estadounidense supuestamente negocian pagos para la venta de órganos.

En una de las grabaciones se puede ver a la doctora Deborah Nucatola, directora de los servicios médicos de Planned Parenthood, cuando dice que “muchas personas quieren corazones intactos”.

“Siempre los hígados más intactos posibles”, afirma durante una conversación sobre la petición de tejidos fetales por parte de científicos y técnicas de aborto que permitan preservar determinados órganos. “Probablemente entre 30 y 100 dólares”, asegura la doctora cuando se le pregunta por la tarifa.

Vender partes de fetos es ilegal en Estados Unidos, pero la organización ha defendido enérgicamente que solo cobra por ellos lo suficiente para cubrir sus propios costes para preservar y transportar el tejido fetal hasta los investigadores, algo que sí permite la ley federal.

En cualquier caso, la polémica ha agravado la suspicacia de muchos republicanos hacia Planned Parenthood, que recibe más de 500 millones de dólares al año en fondos federales, la mayoría a través de subvenciones y del programa de seguros médicos para personas con bajos recursos, Medicaid.

Esta red de planificación familiar administra 700 clínicas en Estados Unidos. En ellas se atienden a 2,7 millones de pacientes por año. Aproximadamente un tercio del millón de abortos que se realizan anualmente en el país se llevan a cabo en clínicas de Planned Parenthood.