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«En China no hay “dos” Iglesias»

Entrevista con Johannes Huo Cheng, obispo de Fengyang (en la provincia de la China septentrional de Shanxi). La Carta a los católicos chinos de Benedicto XVI fue un don del cielo. Pero en China hay quienes la obstaculizan


Los años han envejecido su voz. Pero el corazón sigue latiendo fuerte y con vitalidad. Por este motivo se conmueve. Johannes Huo Cheng, obispo de Fengyang (en la provincia de la China septentrional de Shanxi), tiene 89 años. Tiene la edad de los Patriarcas y ha visto muchas, muchas cosas. Pero, a diferencia de ciertos “expertos”, de algunos periodistas y de algunos cardenales, no le da instrucciones al Papa sobre lo que debería hacer con China y con el gobierno de Pekín. Si pudiera ver al Papa, dice, le pediría solamente su bendición. Y tal vez se pondría a llorar como un niño.

 

 

En esta entrevista, el obispo Johannes cuenta a Vatican Insider las cuestiones ordinarias de la obra apostólica que ha hecho la Iglesia católica. Cuenta sobre los bautismos de los adultos, del deseo de servir a los pobres con nuevas obras de caridad. Cuenta sobre las esperanzas en relación con el diálogo entre el gobierno y la Santa Sede. Y sobre cómo una parte del clero local sigue ignorando y censurando las disposiciones y las sugerencias que contiene la Carta a los católicos chinos de Benedicto XVI.

 

 

Obispo Johannes, ¿Qué tal vivió la Pascua?

 

Viví una Pascua muy feliz. Las liturgias del Tridúo pascual fueron preparadas en toda la diócesis con cuidado, gracias a la preocupación pastoral del padre Antonio Ren Ruhai y de los demás sacerdotes. En las parroquias fueron bautizados más de 350 adultos, que en la mayor parte no provenían de familias cristianas. La franja de edad más consistente era la de personas de alrededor de 40 años.

 

¿Cómo y por qué un chino adulto puede volverse cristiano?

 

En mi diócesis esto se da mediante el trabajo de los sacerdotes y de los laicos que van a anunciar el Evangelio a los barrios, a los pueblos y a las aldeas. El comienzo se da siempre con el encuentro entre los hombres que ofrecen el testimonio en el cambio de su vida, el amor de Cristo por ellos. No es una cuestión de propaganda. No somos nosotros los que llevamos el bautismo a las personas. Es el Señor que mueve sus corazones.

 

¿Hay alguna historia o caso relacionado con estos nuevos cristianos que le haya sorprendido particularmente?

 

Una cosa que ahora me emociona, cuando lo recuerdo, es lo que está sucediendo en el municipio de Lan Xian, en donde antes no había cristianos. Luego, un sacerdote fue allí a anunciar el Evangelio, y este año ahí hubo 19 bautizados, y más de 10 catecúmenos. Celebré una misa con ellos, y me conmoví viendo que ahí no existía la primera Iglesia, y ahora existe. Para mí es algo hermoso.

 

 

Y ahora, ¿cuáles son las prioridades para la acción de la Iglesia en China?

 

Ahora en China hay muchos pobres. Es importante hacer cosas concretas para los pobres. Porque somos cristianos y esto nos enseña en el Evangelio.

 

 

Usted ahora es uno de los “patriarcas” de la Igelsia en China. Ha vivido una vida larga y plena incluso de momentos difíciles. ¿Cómo ha mantenido su fe?

 

Yo soy una persona vulnerable, y soy un pecador grande. Lo que custodió mi fe fue solo la misericordia de Dios. Tuve del Señor momentos de consuelo espiritual, sobre todo durante el tiempo de la persecución. Entonces recordaba las palabras de Jesús, esas que decía cuando lo perseguían a él. Así sentía el consuelo y la felicidad, incluso en las condiciones en las que me encontraba.

 

¿Qué le parece el momento que está viviendo actualmente la Iglesia en China, con respecto al pasado? ¿Los problemas siguen siendo los mismos?

 

Con respecto al pasado, después de la liberación, los efectos de las supersticiones relacionadas con el sistema feudal de la vieja sociedad fueron extirpados. Con la apertura y las relaciones internacionales acabó el aislamiento y dejó de existir la convicción de que los demás países debían forzosamente dañar a China y sus intereses: esta concepción quedó en el pasado y no vuelve más. Y luego, con el paso del tiempo, la misma gente desenmascaró la mentira que definía la fe como opio de los pueblos, porque reconoció el verdadero rostro de la Iglesia. Ahora es el tiempo de que los católicos chinos cuiden verdaderamente su Iglesia, asumiendo las propias responsabilidades. Con la ayuda del Señor, estamos llenos de confianza e imaginamos cuál será el futuro de la Iglesia en China.

 

 

Usted, como obispo, ¿siempre ha estado en comunión con el Papa? ¿Cómo fue su ordenación episcopal?

 

 

Siempre he vivido la comunión con el Papa. Cuando fui ordenado obispo, proclamé públicamente, ante los fieles, que habría sido sinceramente fiel a Cristo, a la Iglesia, al Papa y a mi ordenación episcopal. Siempre he tratado de desempeñar mi tarea con este espíritu. Al final de los años 80, con la visita de otro obispo y gracias a su ayuda, pude recibir la aprobación apostólica del Papa. Con el rito de ordenación, registrado también en el Colegio de los obispos chinos (órgano no reconocido por la Santa Sede, ndr.), mi ministerio episcopal siempre ha sido de dominio público.

 

Mucho ssiguen diciendo que en China hay dos Iglesias, y que una de ellas no sería fiel al Papa porque está sometida al gobierno. ¿Es verdad?

 

El razonamiento de los que dicen que en China habría dos Iglesias es falso. La Iglesia en China es una sola. Tampoco el argumento de que la Iglesia estaría sometida al gobierno es exacto. Algunos están sometidos a presiones, o tal vez acepta las presiones para obtener ventajas y apoyos materiales. Y luego, los que quieren verdaderamente recuperar o construir estructuras inmobiliarias deben contactar forzosamente al gobierno. Pero los que están verdaderamente sometidos interiormente al poder político son muy pocos. La enorme mayoría custodia la fidelidad hacia la forma apostólica de la Iglesia.

 

 

¿Los nuevos cristianos están interesados o involucrados en las divisiones entre los “clandestinos” y los “oficiales”? ¿Es algo que les interese?

 

Aquí yo no he encontrado estos problemas. Porque en realidad aquí no hay grandes divisiones.

 

Mu pocos. Rezan en sus casas, en familia, sin ir a las parroquias.

 

¿Por qué todavía hay católicos “clandestinos” en una diócesis que tiene un obispo en plena y pública comunión con el Sucesor de Pedro?

 

Están vinculados con sacerdotes que vienen de fuera, de otras diócesis. Y esos sacerdotes, si actúan así, quiere decir que no siguen lo que indicó Papa Benedicto XVI en su Carta a los católicos chinos de 2007, en la que escribió que cada sacerdote debe permanecer y actuar en la diócesis a la que pertenece.

 

 

¿Algunos de estos critican u olvidan olímpicamente aquella carta de Papa Ratzinger?

 

No he tenido contactos ni diálogos con ellos. Pero, por cómo se comportan, es evidente que no han aceptado esa Carta. Siguen actuando como antes, como si nada.

 

Y usted, ¿apreció la Carta a los católicos chinos de Benedicto XVI?

 

Esa carta fue un don del cielo. Indica el camino. En ella está resumido todo el camino pasado de la Iglesia en China, y las sugerencias justas para afrontar los problemas actuales. No podemos olvidarla o criticarla. Conviene, mejor, leerla y seguir todas sus indicaciones, y no detenerse solo en algunas frases. Quienes la siguen, caminan y ven hacia el futuro. Quienes la olvidan, renuncian a una ayuda preciosa y se quedan quietos.

 

 

¿Logra seguir el magisterio de Papa Francisco? ¿Qué le parece?

Con mucha facilidad, sigo y obedezco el magisterio del Papa. Después de su elección, me parecen emocionante cada una de sus homilías y cada una de sus enseñanzas. Para mí es como el pan cotidiano. Leo sus palabras todos los días, y se las mando también a los sacerdotes. Me parece importante sobre todo cuando nos llama a salir de nosotros mismos. Debemos seguirlo. Hoy la cultura del encuentro es necesaria incluso en China. Él nos da constantemente ejemplos, y por este motivo suscita interés y simpatía entre los pueblos de todo el mundo. Nos invita a todos, con sus palabras persuasivas, a amar a los pobres y a hacer la paz.

 

Francisco ha dicho en varias ocasiones que la Santa Sede quiere dialogar con el gobierno chino y que quiere encontrarse con el presidente Xi Jinping. ¿Le parece oportuno?

 

Esta disponibilidad es ofrecida para que la Iglesia en China pueda tener verdaderamente la posibilidad de desempeñar su servicio pastoral, y de esta manera amar al Señor. Por ello, el Papa ha dado pasos importantes hacia China. Y estamos contentos de ello, y deseamos ver madurar buenos frutos.

 

 

Frente al problema de las relaciones con la Asociación Patriótica y los nombramientos de los obispos, ¿cuáles criterios hay que seguir y cuáles elementos deben ser preservados por completo?

 

La Asociación patriótica de los católicos chinos es una organización política, y entonces no puede guiar a la Iglesia. Nosotros no tenemos el deber de seguir sus disposiciones, cuando pretende imponer su guía a la Iglesia. La responsabilidad última de la guía de la Iglesia toca a los obispos, en comunión con el Obispo de Roma. Sobre el problema de los nombramientos de los obispos, debemos seguir el derecho papal. Entonces, no nombramos y no reconocemos a ningún obispo si no cuenta con la aprobación del Papa. Porque no podemos renunciar a la comunión con el obispo de Roma, si queremos ser católicos. El método con el que serán elegidos los obispos será definido en las negociaciones entre la Santa Sede y el gobierno chino. Y nosotros seguiremos con alegría las indicaciones que nos den después de estas consultas. Rezamos al Señor y deseamos que se encuentre dentro de poco la solución sobre los nombramientos de los obispos, y que se reestablezcan las relaciones diplomáticas plenas entre la Santa Sede y la República popular china.

 

 

¿Usted cree que el gobierno tiene miedo de la Iglesia?

 

En general, no creo. Tal vez hay alguien que nutre en sí algún temor. Tal vez algún funcionario sigua farfullando sobre los grandes cambios que se dieron en Polonia y en la Europa del Este durante los años ochenta y noventa, por lo que mantiene la desconfianza. Pero la Iglesia Cristo no pretende dar miedo a nadie, a ningún hombre y a ninguna mujer. Respetamos el derecho legal del Estado, aunque en el pasado hayamos sufrido persecuciones por parte de quienes tenían el poder político.

 

Algunos intelectuales sostienen que la Iglesia podría, en tiempos no tan “bíblicos”, convertir a China. ¿Qué le parece?

No soy un hombre de cultura, y no tengo la ocasión para reunirme con hombres de cultura, por lo que no sabría cómo responder.

 

 

¿Cómo hay que tratar a los obispos que han aceptado las ordenaciones ilegítimas?

 

Deploro completamente la decisión de los obispos que aceptaron ser ordenados sin el consenso del Sucesor de Pedro. Rezo por ellos, espero que dentro de poco puedan volver a la plena comunión con la Iglesia. Dios nos perdona, y nos da la gracia para perdonar a los demás.

 

Si viera a Papa Francisco, ¿qué le diría?

 

Si viera al papa, me emocionaría hasta las lágrimas. Le diría que agradecería al Señor por haberme dado el don de poderme encontrar con él, que estoy a su servicio y que vivo la comunión total con él.

Gianni Valente

VATICAN INSIDER

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