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El tráfico de personas mueve casi tanto dinero como el de drogas y armas.

El tráfico ilícito de personas es el comercio que está experimentando un crecimiento más rápido, convirtiéndose en un “floreciente negocio que no deja de crecer dentro de la nueva economía global”. Así lo advierte el último informe del Servicio Jesuita a Migrante, “La trata de seres humanos. El negocio del comercio con personas” redactado por María José Castaño Reyero, investigadora del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia Comillas, Madrid.

Tal y como se indica en la introducción del informe, según la Organización de Naciones Unidas (ONU), combinando el tráfico a larga distancia con el contrabando transfronterizo, emerge un panorama global de “comercio de seres humanos” que afecta al menos a 4 millones de personas cada año, por un valor económico de entre 7000 y 10.000 millones de dólares. Aunque la forma de trata detectada con más frecuencia es la explotación sexual (un 79%), existen otras dos formas de explotación de personas: la que tiene como fin la explotación laboral y la trata para el tráfico de órganos.

Si a la cifra del comercio de seres humanos sumásemos los beneficios obtenidos del tráfico de migrantes, según la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL), la cifra ascendería a 39.000 billones de dólares al año, “cada vez más cerca del tráfico de drogas y el de armas”. De este modo, el informe alerta de que “la trata de personas, convertida en la nueva esclavitud del siglo XXI, constituye la más sórdida de las formas en que se desplaza la mano de obra en el mundo“.

Otro tema analizado en el informe es que debido a la feminización de la pobreza es más fácil que una mujer caiga víctima de la trata que un hombre. “La Organización Internacional de las Migraciones cifra en 500.000 el número de mujeres que entran todos los años en Europa Occidental para ser explotadas sexualmente”. La mayoría –indica el informe– proceden de países en subdesarrollo y su trayectoria desde ellos es degradante. Los encargados de reclutarlas, que pueden llegar a cobrar hasta 500 dólares por cada una, generalmente lo hacen con falsas promesas de empleo como modelos, secretarias o dependientas en un país rico. Pero también algunas de ellas saben que se marchan al extranjero para ejercer la prostitución, y lo hacen, no sólo con el mero consentimiento de sus familias, sino con su respaldo entusiasta.

A propósito de este asunto, se citan algunas de las numerosas rutas de esclavitud sexual como la que va de Myanmar, China, y Camboya hasta Tailandia; la que va de Rusia a los Emiratos del Golfo; la que va de Filipinas y Colombia a Japón; o la que se mueve desde Brasil, Paraguay, Colombia y Nigeria hacia España. El informe señala que “desde la desaparición del Telón de Acero, decenas de miles de mujeres y niñas han sido ‘exportadas’ desde Rusia, Ucrania, Moldavia y Rumanía para ser explotadas en las ciudades de Europa Occidental y Japón”.

Asimismo, advierten que según UNICEF, hasta dos millones de niños están sujetos a la prostitución en el comercio sexual alrededor del mundo. Pero la trata de menores presenta otras manifestaciones muy graves: la adopción ilegal de niños extranjeros; el tráfico de órganos; el secuestro de menores para ser utilizados en los conflictos armados (menores soldado) o en el ejercicio de la mendicidad, a menudo acompañada de la comisión de actividades delictivas.

El informe también presenta una segunda forma de explotación de personas detectada con más frecuencia es la trata con fines de explotación laboral. Según la organización Mundial del Trabajo (OIT) el dato global de personas víctimas de trabajo forzoso alcanza la cifra de 20,9 millones de personas.

Finalmente, el informe asegura que tras un periodo de indiferencia y desinterés, “la comunidad internacional empieza a tener en cuenta el problema y señala algunas leyes aprobadas a tal fin”.

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