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El Rey se despide del Papa «con la esperanza de verle en España»

El Santo Padre conversó 40 minutos en privado con Don Felipe y Doña Letizia

«Majestad, bienvenido, adelante…» fueron las primeras palabras del Papa Francisco al salir a recibir a Don Felipe y Doña Letizia en la antesala de su biblioteca privada. Como había sucedido el pasado 28 de abril con el Rey Juan Carlos, el Papa cedió el paso en la puerta, pero esta vez el nuevo Rey no se resistió sino que dijo, en tono de entendimiento: «Los monaguillos delante». El Papa reaccionó divertido por el recuerdo de la anécdota: «¡Se lo contó su padre!».

Se notaba por las dos partes un clima de respeto y al mismo tiempo afecto pues, sin renunciar a ninguna de las formalidades, abundaban las sonrisas. La conversación del Papa y los Reyes en privado volvió a batir records de duración: cuarenta minutos, mucho más de los 25 minutos habituales para un jefe de Estado, incluso cuando son necesarios los intérpretes.

A las 12.45 se abrieron las puertas de la biblioteca para dar acceso a la numerosa delegación española, en la que se encontraba el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, el embajador de España ante la Santa Sede, Eduardo Gutierrez Sáenz de Buruaga, así como altos cargos del Gobierno y de la Casa del Rey.

Los Reyes ofrecieron como regalo un precioso librito encuadernado en rojo, que tiene valor intelectual y sentimental para el Papa. Don Felipe le explicó que era una edición facsímil de «Oráculo manual y arte de prudencia» (Huesca, 1647) del jesuita aragonés Baltasar Gracián «del que existes sólo dos ejemplares», uno de los cuales se conserva en Luján, Argentina.

A su vez, el Santo Padre les obsequió con un medallón que recoge «un proyecto de la plaza de San Pedro» anterior al que luego se llevó a cabo con la columnata de Bernini. El Papa regaló rosarios a los componentes del séquito, caminando por la biblioteca para entregarlo personalmente a cada uno.

Cuanto terminó el reparto, el Rey le hizo notar que a su lado estaba un fotógrafo español al que le gustaría también recibir uno. Ni corto ni perezoso, el Papa se fue a un armario de la biblioteca a coger un rosario, también en bonito estuche rojo, para el fotógrafo, abrumado por un inesperado gesto de aprecio de dos personas muy especiales, y que además ni siquiera había pedido.

El Santo Padre acompañó a los Reyes de España hasta la puerta, donde Don Felipe le despidió besando de nuevo su mano y Doña Letizia acompañando ese gesto con una generosa reverencia. El Papa se despidió con agradecimiento por la visita y un afectuoso «Recen por mí y saludos a sus padres». El Rey añadió «Con la esperanza de verle en España» y el Papa dijo a la Reina «Con la esperanza de volver a verla pronto». El aprecio mutuo era evidente.

A continuación, los Reyes fueron recibidos por el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, antiguo nuncio en Venezuela y buen conocedor de la cultura española, en cuyo rostro destacaba una gran sonrisa de bienvenida.

JUAN VICENTE BOO / CORRESPONSAL EN EL VATICANO

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