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El Papa reclama en Jordania la paz para Siria

El Papa reclama en Jordania la paz para Siria y entre palestinos e israelíes
AMÁN, 24 May. (EUROPA PRESS) -El Papa Francisco ha realizado un enérgico llamamiento a la búsqueda de una solución pacífica para la «crisis siria» así como para resolver el «conflicto entre israelíes y palestinos», durante el discurso pronunciado en el Palacio real Al Husseini de Amán, tras la ceremonia de bienvenida que le han brindado los reyes de Jordania, Abdulá II y Rania.

De este modo, Francisco ha lamentado que siga habiendo «fuertes tensiones en la región medio oriental», al tiempo que ha agradecido a las autoridades reales de Jordania «todo lo que hacen» y le ha pedido que sigan «esforzándose en lograr la tan deseada paz duradera».

En el primero de los 14 discursos que está previsto que pronuncie durante las 72 horas que durará el viaje apostólico a Tierra Santa, el Pontífice ha reconocido que Jordania acoge «generosamente» a una gran cantidad de refugiados palestinos, iraquíes y de otras zonas en crisis, «en especial de la vecina Siria, destruida por un conflicto que está durando demasiado tiempo».

En esta línea, ha expresado que «esta acogida merece el reconocimiento y la ayuda de la comunidad internacional», al tiempo que ha subrayado que la Iglesia «dentro de sus posibilidades», se compromete con la «asistencia a los refugiados y a los necesitados», sobre todo mediante Caritas Jordania.

PROFUNDO RESPETO AL ISLAM

Por otro lado, Francisco ha renovado su «profundo respeto y consideración a la comunidad musulmana» y ha reconocido «el liderazgo» del rey de Jordania Abdulá II al promover un «adecuado entendimiento de las virtudes proclamadas por el Islam y la serena convivencia entre los fieles de las diversas religiones». Por ello, ha agradecido a Jordania haber promovido «diversas iniciativas importantes a favor del diálogo interreligioso».

El Papa ha dirigido también «un deseo especial de paz y prosperidad» al Reino de Jordania y a su pueblo y ha expresado que espera que esta visita «contribuya a incrementar y promover relaciones buenas y cordiales entre cristianos y musulmanes»

Por otro lado, en su primer discurso en su segundo viaje apostólico, el Papa ha saludado a las comunidades cristianas y ha destacado que su presencia en el país «contribuye al bien común de la sociedad en la que están plenamente insertadas». Además, ha destacado que a pesar de ser hoy «numéricamente minoritarias», los cristianos tienen la posibilidad de desarrollar «una cualificada y reconocida labor en el campo educativo y sanitario, mediante escuelas y hospitales», al tiempo que ha subrayado que pueden «profesar con tranquilidad su fe, respetando la libertad religiosa».

Así, ha dicho que los cristianos «se sienten y son ciudadanos de pleno derecho» y ha detallado que «desean contribuir a la construcción de la sociedad junto a sus conciudadanos musulmanes, con su aportación específica».

Francisco ha citado la exhortación Apostólica ‘Ecclesia in Medio Oriente’, del Papa Emérito Benedicto XVI, para explicar que este derecho «abarca tanto la libertad individual como colectiva de seguir la propia conciencia en materia religiosa como la libertad de culto» y «la libertad de elegir la religión que se estima verdadera y de manifestar públicamente la propia creencia».

Por su parte, el rey Abdulá II ha reconocido que el Papa se ha convertido en «la conciencia del mundo» y le ha agradecido su liderazgo «basado en el diálogo y la búsqueda de la paz». Francisco, por su parte, ha dicho al rey de Jordania que es conocido «como hombre de paz y artífice de paz».

A las 16,00 horas, se celebrará la Santa Misa en el Stadium Internacional de Amán, donde se esperan más de 30.000 personas y donde el Papa dará la comunión a 1.400 niños. A las 19,00 horas, Francisco visitará el lugar donde fue bautizado Jesús, en el rio Jordán. A continuación, se encontrará con refugiados y jóvenes discapacitados y pronunciará su segundo discurso.

La paz es un don que hemos de buscar con paciencia y construir artesanalmente: misa del Papa en Amán


(RV).- (actualizado con audio y texto) Durante la Santa Misa celebrada en el estadio Internacional de Amán, el Papa ha reflexionado sobre el pasaje del Evangelio en el que se lee la promesa que Jesús hace a sus discípulos para que el Padre les envíe otro Paráclito que estuviera siempre con ellos. “El primer Paráclito es el mismo Jesús; el “otro” es el Espíritu Santo”, ha dicho. “Jesús es el enviado, lleno del Espíritu del Padre. Ungidos por el mismo Espíritu, también nosotros somos enviados como mensajeros y testigos de paz”. El Santo Padre ha dedicado profundas palabras al significado de la paz: “La paz no se puede comprar, es un don que hemos de buscar con paciencia y construir ‘artesanalmente’” mediante pequeños y grandes gestos en nuestra vida cotidiana.
(MZ-RV)

Homilía completa del Papa:
Audio de la radio crónica de RV: RealAudioMP3

Durante la Santa Misa celebrada en el estadio Internacional de Amman, el Papa ha reflexionado sobre el pasaje del Evangelio en el que se lee la promesa que Jesús hace a sus discípulos para que el Padre les envíe otro Paráclito que estuviera siempre con ellos. “El primer Paráclito es el mismo Jesús; el “otro” es el Espíritu Santo”, ha dicho. “”Jesús es el enviado, lleno del Espíritu del Padre. Ungidos por el mismo Espíritu, también nosotros somos enviados como mensajeros y testigos de paz”. El Santo Padre ha dedicado profundas palabras al significado de la paz: “La paz no se puede comparar, es un don que hemos de buscar con paciencia y construir ‘artesanalmente’” mediante pequeños y grandes gestos en nuestra vida cotidiana.

En el Evangelio hemos escuchado la promesa de Jesús a sus discípulos: “Yo le pediré al Padre que les envíe otro Paráclito, que esté siempre con ustedes” (Jn 14,16). El primer Paráclito es el mismo Jesús; el “otro” es el Espíritu Santo.

Aquí nos encontramos no muy lejos del lugar en el que el Espíritu Santo descendió con su fuerza sobre Jesús de Nazaret, después del bautismo de Juan en el Jordán (cf. Mt 3,16). Así pues, el Evangelio de este domingo, y también este lugar, al que, gracias a Dios, he venido en peregrinación, nos invitan a meditar sobre el Espíritu Santo, sobre su obra en Cristo y en nosotros, y que podemos resumir de esta forma: el Espíritu realiza tres acciones: prepara, unge y envía.

En el momento del bautismo, el Espíritu se posa sobre Jesús para prepararlo a su misión de salvación, misión caracterizada por el estilo del Siervo manso y humilde, dispuesto a compartir y a entregarse totalmente. Pero el Espíritu Santo, presente desde el principio de la historia de la salvación, ya había obrado en Jesús en el momento de su concepción en el seno virginal de María de Nazaret, realizando la obra admirable de la Encarnación: “El Espíritu Santo te llenará, te cubrirá con su sombra –dice el Ángel a María- y tú darás a luz un Hijo y le pondrás por nombre Jesús” (cf. Lc 1,35). Después, el Espíritu actuó en Simeón y Ana el día de la presentación de Jesús en el Templo (cf. Lc 2,22). Ambos a la espera del Mesías, ambos inspirados por el Espíritu Santo, Simeón y Ana, al ver al Niño, intuyen que Él es el Esperado por todo el pueblo. En la actitud profética de los dos videntes se expresa la alegría del encuentro con el Redentor y se realiza en cierto sentido una preparación del encuentro del Mesías con el pueblo.

Las diversas intervenciones del Espíritu Santo forman parte de una acción armónica, de un único proyecto divino de amor. La misión del Espíritu Santo consiste en generar armonía –Él mismo es armonía– y obrar la paz en situaciones diversas y entre individuos diferentes. La diversidad de personas y de ideas no debe provocar rechazo o crear obstáculos, porque la variedad es siempre una riqueza. Por tanto, hoy invocamos con corazón ardiente al Espíritu Santo pidiéndole que prepare el camino de la paz y de la unidad.

En segundo lugar, el Espíritu Santo unge. Ha ungido interiormente a Jesús, y unge a los discípulos, para que tengan los mismos sentimientos de Jesús y puedan así asumir en su vida las actitudes que favorecen la paz y la comunión. Con la unción del Espíritu, la santidad de Jesucristo se imprime en nuestra humanidad y nos hace capaces de amar a los hermanos con el mismo amor con que Dios nos ama. Por tanto, es necesario realizar gestos de humildad, de fraternidad, de perdón, de reconciliación. Estos gestos son premisa y condición para una paz auténtica, sólida y duradera. Pidamos al Padre que nos unja para que seamos plenamente hijos suyos, cada vez más conformados con Cristo, para sentirnos todos hermanos y así alejar de nosotros rencores y divisiones, y amarnos fraternamente. Es lo que nos pide Jesús en el Evangelio: “Si me aman, guardarán mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes” (Jn 14,15-16).

Y, finalmente, el Espíritu envía. Jesús es el Enviado, lleno del Espíritu del Padre. Ungidos por el mismo Espíritu, también nosotros somos enviados como mensajeros y testigos de paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de nosotros como mensajeros de paz, como testimonios de paz! Es una necesidad que tiene el mundo. También el mundo pide hacer esto: ¡llevar la paz, testimoniar la paz!

La paz no se puede comprar, no se vende: La paz es un don que hemos de buscar con paciencia y construir “artesanalmente” mediante pequeños y grandes gestos en nuestra vida cotidiana. El camino de la paz se consolida si reconocemos que todos tenemos la misma sangre y formamos parte del género humano; si no olvidamos que tenemos un único Padre en el cielo y que somos todos sus hijos, hechos a su imagen y semejanza.

Con este espíritu, abrazo a todos ustedes: al Patriarca, a los hermanos Obispos, a los sacerdotes, a las personas consagradas, a los fieles laicos, así como a los niños que hoy reciben la Primera Comunión y a sus familiares. Mi corazón se dirige también a los numerosos refugiados cristianos, también todos nosotros, con nuestro corazón, dirijámonos, a los numerosos refugiados cristianos que provienen de Palestina, de Siria y de Iraq: lleven a sus familias y comunidades mi saludo y mi cercanía.

Queridos amigos, queridos hermanos, el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en el Jordán y dio inicio a su obra de redención para librar al mundo del pecado y de la muerte. A Él le pedimos que prepare nuestros corazones al encuentro con los hermanos más allá de las diferencias de ideas, lengua, cultura, religión; que unja todo nuestro ser con el aceite de la misericordia que cura las heridas de los errores, de las incomprensiones, de las controversias; que la gracia nos envíe, con humildad y mansedumbre, a los caminos, arriesgados pero fecundos, de la búsqueda de la paz. Amén.