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El Papa: la ambición y el carrerismo son incompatibles con el seguir a Jesús

Francisco habla sobre la autoridad y el servicio en la homilía de la misa de canonización durante la que proclamó cuatro nuevos santos, entre los cuales la primera pareja de esposos, los padres de Teresa de Lisieux: «Jesús ejerce esencialmente un sacerdocio de misericordia y de compasión. No haber experimentado el pecado no le impide comprender a los pecadores»

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO
«Jesús realiza esencialmente un sacerdocio de misericordia y de compasión. Ha experimentado directamente nuestras dificultades, conoce desde dentro nuestra condición humana; no haber experimentado el pecado no le impide entender a los pecadores». Lo dijo Papa Francisco durante la homilía de la misa de canonización de cuatro nuevos santos, entre los que están Ludovico Martin y María Azelia Guérin, padres de santa Teresa de Lisieux, que se convierten hoy en la primer pareja de esposos no mártires que han sido canonizados. Los otros nuevos santos son el sacerdote italiano Vincenzo Grossi (1845-1917), fundador del Instituto de las Hijas del Oratorio, y la religiosa española María de la Inmaculada Concepción (1926-1998), superiora general de la Congregación de las Hermanas de la Compañía de la Cruz.

Durante la homilía, el Papa no reflexionó sobre los particulares de las vidas de los cuatro nuevos canonizados, sino que comentó las lecturas del día. La primera, en la que Isaías «describe la figura del Siero de Yahveh», un «personaje que no ostenta una genealogía ilustre, es despreciado, evitado de todos, acostumbrado al sufrimiento. Uno del que no se conocen empresas grandiosas, ni célebres discursos, pero que cumple el plan de Dios con su presencia humilde y silenciosa y con su propio sufrimiento».

Ese siervo, observó el Pontífice reflexionando sobre el Evangelio de Marcos en el que se narra la historia de los discípulos Santiago y Juan, quienes, estando frente a Jesús, reivindican «puestos de honor, según su visión jerárquica del reino» de Dios.  «La perspectiva con la que se mueven -observó Francisco- estaba todavía contaminada por sueños de realización terrena». La respuesta de Cristo «es una invitación a seguirlo por la vía del amor y el servicio, rechazando la tentación mundana de querer sobresalir y mandar sobre los demás».

«Frente a los que luchan por alcanzar el poder y el éxito -indicó Papa Bergoglio-, los discípulos están llamados a hacer lo contrario». Jesús «invita a cambiar de mentalidad y a pasar del afán del poder al gozo de desaparecer y servir; a erradicar el instinto de dominio sobre los demás y vivir la virtud de la humildad».

Hay cierta incompatibilidad entre una forma de concebir el poder según criterios mundanos, añadió Francisco, y el humilde servicio que «debería caracterizar a la autoridad según las enseñanzas y el ejemplo de Jesús. Incompatibilidad entre ambiciones, el carrerismo y seguir a Cristo; incompatibilidad entre los honores, el éxito, la fama, los triunfos terrenos y la lógica de Cristo crucificado».

El Papa después recordó la Carta a los Hebreos, que presenta a Cristo «como el sumo sacerdote que comparte totalmente nuestra condición humana, menos el pecado». Jesús, explicó, «realiza esencialmente un sacerdocio de misericordia y de compasión. Ha experimentado directamente nuestras dificultades, conoce desde dentro nuestra condición humana; no haber experimentado el pecado no le impide entender a los pecadores. Su gloria no está en la ambición o la sed de dominio, sino en el amor a los hombres, en asumir y compartir su debilidad y ofrecerles la gracia que restaura, en acompañar con ternura infinita su atormentado camino».

«Todos -concluyó- podemos recibir la caridad que brota de su Corazón abierto, tanto por nosotros como por los demás: somos ‘canales’ de su amor, de su compasión, especialmente con los que sufren, los que están angustiados, los que han perdido la esperanza o están solos». Palabras significativas también para el camino del Sínodo sobre la familia, que comienza su tercera y última semana de trabajo.

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