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El Evangelio está escrito en la luz de la fe.

Como todos los domingos el Papa Francisco se asomó a la ventana del Palacio Apostólico para rezar junto a los miles de fieles y peregrinos provenientes de Roma y de diversos países del mundo la oración mariana del Ángelus dominical.

En su meditación sobre el Evangelio del día, que presenta la súplica a Jesús por parte de uno de los jefes de la sinagoga para que imponga las manos a su hija de doce años que está muriendo, y mismo episodio en el que el evangelista Juan narra acerca de la mujer que sufría pérdidas de sangre y que sigue a Jesús en medio de la multitud para tocar su manto y ser salvada, el Pontífice evidencia que ambos episodios, que concluyen con la sanación de la mujer enferma y con la resurrección de la niña, tienen un único centro que es la fe.

El Papa subrayó en su reflexión que “todo el Evangelio está escrito en la luz de esta fe”, en la de “Jesucristo que ha resucitado y vencido la muerte”, y por cuya victoria “también nosotros resucitaremos”; y asimismo advirtió que la fe, “que en los primeros cristianos era segura”, puede “apañarse y hacerse incierta” hasta el punto “que algunos confundan la resurrección con la reencarnación”.

Así el Pastor de la Iglesia Universal, indica que precisamente “la Palabra de Dios de este domingo nos invita a vivir en la certeza de la resurrección”.

“Jesús es el Señor, tiene poder sobre el mal y sobre la muerte, y quiere llevarnos a la casa del Padre, en donde reina la vida”.

“Quien cree en Cristo, debe reconocerse” dijo también el Obispo de Roma, “porque promueve la vida en toda situación, para hacer experimentar a todos, especialmente a los más débiles el amor de Dios que libera y salva”, y exhortó a pedir al Señor por intercesión de la Virgen María, “el don de una fe fuerte y valerosa, que  nos empuje a ser difusores de esperanza y de vida entre nuestros hermanos”.

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