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El déjà vu del ataque a los inmigrantes

Los tiempos pueden cambiar pero las personas rara vez lo hacen. Tengo en la mente la costumbre de atacar inmigrantes. Hace varios miles de años les fue dicho a los israelitas, “No maltratarás al extranjero ni lo oprimirás, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto” (Ex 22, 20). Este pasaje es parte del Código de la Alianza, una de las colecciones más antiguas de la ley en las Escrituras Hebreas.

Lo que esto nos dice es que el miedo y la sospecha de “los otros” y los posteriores intentos por subyugarlos o excluirlos no son nada nuevo. A nosotros los Católicos también nos podría ser recordado que “alguna vez fuimos extranjeros en la tierra,” no de Egipto, sino de América. Las leyes penales inglesas eran aplicadas en las colonias. Los Católicos no podrían desempeñar cargos, tuvieron que pagar dobles impuestos y no podían realizar actos de culto público. Los movimientos para señalar a Católicos como subversivos fueron provocados por los Know Nothings y el Ku Klux Klan, que argumentaron que el Catolicismo era antagonista a la democracia americana.

Sin embargo, la religión no era el único detonador en los ataques a los inmigrantes. El nativismo, basado en la protección de los valores y tradiciones americanos de una “mestización” por parte de los inmigrantes, quienes eran considerados mental y culturalmente inferiores también prevalecía. Por lo que se promulgaron leyes draconianas anti-migratorias contra chinos, irlandeses, alemanes, italianos y europeos orientales. Estos inmigrantes fueron denigrados como sub-humanos; buenos para nada y borrachos. Fueron considerados una amenaza para el bienestar de la nación. Entre los nativistas abiertamente declarados estaban Mark Twain, Walt Whitman y Samuel F. B. Morse.

Por supuesto que somos una nación de inmigrantes, y aquellos cuyos padres y abuelos fueron aborrecidos por los nativistas son ahora nuestros legisladores, jueces, científicos, académicos… y políticos. El fantasma del nativismo vuelve a merodear por nuestra tierra. Los denigradores y los denigrados son diferentes pero el guion es el mismo.

Los tiempos pueden cambiar, pero las personas rara vez lo hacen.

OBISPO KEVIN FARRELL

Pastor Principal de la Diócesis Católica de Dallas

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