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El alma del viaje de Francisco son los indigentes, en un país sofocado por el desepmpleo y la miseria

«Los pobres son nuestros maestros». Al cardenal de Manila, Luis Antonio Tagle, le encanta repetir esta frase de san Vincenzo de Paoli, sobre todo al hablar del “Año de los pobres”, proclamado por la Iglesia filipina para este 2015. Y añade: «se va a aprender a las periferias». Y es significativo que justo en esta línea haya definido su viaje a Filipinas Papa Francisco, que acaba de llegar a Manila. Durante el vuelo de Sri Lanka, Bergoglio confirmó, hablando con los periodistas, que el argumento principal de su viaje a Filipinas son los pobres.

 

 

El Año de los pobres se está preparando desde hace nueve años en la Iglesia local, en vista de 2021, año en que se celebrará el quinto centenario de la evangelización, del primer bautismo y de la primera Misa celebrada en el archipiélago. El de 2021 será el año de la “missio ad gentes”; mientras tanto hasta que llegue la fecha, cada año estará dedicado a un tema especial.

 

 

La misericordia y la compasión (palabras incluidas en el título oficial elegido para el peregrinaje de Papa Francisco, no pueden ser comprendidas sin considerarlas dentro de la amplia categoría de la «pobreza» que ha suscitado las reflexiones de la Iglesia local. «Una Iglesia pobre y para los pobres» es una de las expresiones más citadas por los obispos, sacerdotes y religiosos de Filipinas.

 

 

Además, uno de los momentos principales del viaje papal será la visita de Francisco a Tacloban, en la isla de Leyte, la provincia más afectada por el tifón Yolanda en noviembre de 2013, con un saldo de 6.245 víctimas, además de 16 millones de personas afectadas. En la arquidiócesis de Palo, Bergoglio se reunirá con los sobrevivientes y bendecirá un nuevo centro para los pobres (sobre todo huérfanos y ancianos): el “Pope Francis center for the poor”, construido gracias a los fondos de varios patrocinadores, como el Pontificio Consejo “Cor Unum”.

 

 

La Iglesia filipian indica que Jesucristo es «el pobre por excelencia, despojado incluso de la dingidad, oprimido, despreciado, impotente, miserable», escribieron los obispos, con el objetivo de mandar un mensaje de consolación, puesto que «a cada pobre la Iglesia dice: “Cristo está contigo. Tomó tu desnudez, tu vulnerabilidad, tu hambre, tu enfermedad, tu vergüenza”». De la misma Cruz irradia un mensaje de resurrección: «Yo vine a traer la vida en abundancia. Beatos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados».

 

 

 

El Año de los pobres pone en evidencia también las cifras de la situación social y económica de Filipinas: a pesar de un crecimiento económico de entre 6 y 7% al año, más de un cuarto de la población (el 27% sobre alrededor de 100 millones de habitantes) vive bajo el umbral de la pobreza. El desempleo se sitúa, oficialmente, en el 7% y genera la migración más elevada del mundo: alrededor de 10 millones de personas, que envían 26 mil millones de dólares al año desde el exterior.

 

 

Además, Filipinas tiene una de las más injustas distribuciones de la riqueza del planeta. El patrimonio de los 40 filipinos más ricos del país (y de las pocas familias capitalistas), según la revista “Forbes”, representa el 76% del producto interno bruto del país. Los observadores hablan del llamado “crony capitalism”, el “capitalismo clientelar” o “de familia”, y explican que las fuerzas del poder político y económico se encuentran en manos de un pequeño grupo de clanes familiares. El presidente filipino Benigno Aquino jr. proviene de uno de estos clanes, el Cojuangco-Aquino.

 

 

Por este motivo, escriben los obispos, «el Año de los pobres es un llamado también para los ricos», y esto significa, antes que nada, contener el alcance de la corrupción en la política: «Urge interrumpir el uso inadecuado de los fondos del pueblo, detener la destrucción indiscriminada del medio ambiente, redistribuir las riquezas justamente, construir una economía que responda a criterios de justicia, ofrecer educación que respete la dignidad de todos, como seres humanos y como hijos de Dios».

 

 

La corrupción es uno de los temas clave de la reflexión que ha desarrollado la Iglesia en los últimos años. Los obispos la definen como el «cáncer del país». En 2014, un mega-fraude llamó la atención sobre el controvertido mecanismo del “Fondo prioritario para la asistencia al desarrollo” (Pdaf), bautizado como «pork barrel». Se trata del aporte erogado por parte del estado a cada uno de los parlamentarios para que lleven a cabo proyectos sociales a nivel local. Una vasta campaña de sensibilización, en la que ha estado en primera línea la Iglesia filipina, pidió, en nombre de la transparencia, la abolición del Fondo. Pero Benigno Aquino jr. se negó a hacerlo.

 

 

En el Año de los pobres, el llamado también va hacia los pastores: la pobreza «es un escándalo social, por lo que no se puede solamente culpar al gobierno; hay que comprender bien nuestro papel en él, nuestra responsabilidad personal», indicaron los obispos. También invitaron a los sacerdotes a abandonar la comodidad y a volver a abrazar una vida simple, cerca de los pobres, sobria.

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