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Ecumenismo y expectación esperan al Papa en Tierra Santa

«La finalidad de la visita es conmemorar la visita que realizó Pablo VI hace exactamente 50 años y profundizar en su significado sobre el dialogo entre las diferentes iglesias. El tema central será el ecumenismo», avanza el padre Artemio Vítores, vicario de la Custodia de Tierra Santa de los franciscanos, horas antes de la histórica llegada del Papa Francisco.

Este franciscano palentino no recuerda tanto ajetreo desde que llegó a Jerusalén en 1970. Entrevistas a los medios, gestiones, rezos, visitas y muchas llamadas en torno a una visita que empezará este sábado en Amán, seguirá el domingo en Belén y finalizará el lunes por la tarde en Jerusalén.

El diálogo entre las comunidades cristianas, el acercamiento al judaísmo e Islam, el apoyo a la paz entre israelíes y palestinos basada en dos Estados, el llamamiento al fin del derramamiento de sangre en Siria y la defensa de la minoría cristiana en Oriente Próximo centrarán seguramente los catorce discursos de una minigira que combina un fuerte mensaje espiritual, esperados gestos políticos y mucha expectación creada por la figura del Papa argentino. Por primera vez, el Pontífice llegará a la zona acompañado de dos dirigentes espirituales y amigos de su época en Buenos Aires: el rabino Abraham Skorka y el profesor musulmán Omar Abboud.

«El Papa Francisco ha traído alegría y sencillez. Nos recuerda la necesidad de abrir las puertas del corazón. Con sus gestos y sentimientos es mucho más moderno que el anterior Papa y más acorde a los tiempos actuales», comenta Vítores a EL MUNDO.ES en el convento de San Salvador.

Asimismo, lamenta que «dado que el viaje es muy reducido ha provocado cierta tristeza entre los peregrinos porque no le van a ver mucho. Por ejemplo, en la misa en Belén sólo podrán asistir unas 8000 personas y en la del Cenáculo entrarán sólo 40».

Tras su estancia en Jordania-será recibido por el monarca hachemita, oficiará una Misa y se reunirá con discapacitados y refugiados (básicamente sirios)-el Papa peregrinará a Belén. «Me imagino que tendrá el mismo impacto que la visita del Papa Benedicto XVI en el 2009. Nada que se pueda comparar al número de peregrinos que acompañó en el 2000 al Papa Juan Pablo II», nos dice con cierta resignación el palestino Nabil, propietario de una de las numerosas tiendas de souvenirs de la ciudad donde la tradición cristiana sitúa el nacimiento de Jesús.

El Papa se reunirá con el presidente palestino, Abu Mazen, visitará la Gruta de la Natividad y el campo de refugiados de Deheishe. «Es importante que vea con sus ojos nuestra situación y las dificultades que tenemos en una ciudad rodeada por el muro israelí», explica uno de los habitantes mientras observa un retrato del Papa en la vitrina de una tienda.

Con motivo de la visita papal, las fuerzas de seguridad palestinas e israelíes han intensificado su cooperación.

En Israel, 8500 agentes formarán parte del espectacular dispositivo de seguridad «Manto Blanco II» que escoltará al Papa desde el aterrizaje en el Aeropuerto de Ben Gurion, donde le recibirán los máximos dirigentes israelíes, hasta su traslado a Jerusalén.

«El Papa revolucionario» o «el Papa más cercano a los judíos» escriben en la prensa israelí recogiendo también la preocupación ante posibles actos provocativos de extremistas judíos. El enfado de éstos se centra en la polémica en torno al Cenáculo de Jerusalén.

La tradición cristiana sitúa en este lugar la última cena de Jesús con sus discípulos mientras en la planta inferior los judíos rezan en la sinagoga y ante lo que consideran la tumba de su mítico rey David. El principio de acuerdo entre Israel y el Vaticano-desmentido por unos y confirmado por otros- cedería parte de su soberanía a los cristianos y ha provocado la ira de algunos rabinos ultraortodoxos. Éstos afirman que, según su religión, no podrían rezar en el edificio si se permite la celebración más frecuente de actos litúrgicos cristianos.

La Policía emitió este jueves una orden de restricción a una decena de jóvenes israelíes radicales para que no puedan acercarse a Jerusalén en los próximos días. «No se teme un ataque contra el Papa o su comitiva sino algun tipo de acto provocativo para llamar la atención», dicen fuentes policiales a este medio.

El temor se centra en los llamados Tag Mejir (etiqueta de precio) contra lugares de culto del cristianismo e Islam, propiedades de palestinos y el Ejército israelí cada vez que hay un desmantelamiento de algún enclave ilegal en Cisjordania o un atentado palestino.

Las últimas y ofensivas pintadas elevaron la alarma policial y la protesta de la Iglesia. «Yo no relacionaría estas graves ofensas con la visita del Papa pero sí deben preocupar a los 160.000 cristianos que vivimos en Israel ya que el mensaje es negativo», nos comenta el padre David Neuhaus, vicario patriarcal para los católicos de lengua hebrea.

Tras expresar su «plena confianza en los organismos de seguridad israelíes», reconoce: «No es fácil organizar un visita de tres días en tres lugares que no siempre mantienen las mejores relaciones».

Israel espera con expectación al Papa especialmente en su visita al Museo del Holocausto o la tumba del fundador del sionismo, Theodor Herzl. Los niños israelíes asisten estos días a clases especiales sobre la historia del Papado y el cristianismo.

Israel y el Vaticano desean que la visita papal consolide las relaciones diplomáticas establecidas hace veinte años. El primer embajador ante la Santa Sede, el ya fallecido Samuel Hadas, nos solía recordar las palabras de Juan Pablo II en su histórica visita a la sinagoga de Roma en 1986: «Sois nuestros hermanos y en cierto modo podría decir que sois nuestros hermanos mayores».

Fuente: EL MUNDO