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¿Dónde está el hombre de la conciencia?

Una reflexión para una nueva sociedad más justa.

El hombre de la conciencia es un hombre justo que no busca los aplausos, la vanidad, la alabanza en todo lo que hace porque él sabe que por ahí entra la deformación de la conciencia.

Efectivamente, la necrosis de las conciencias, su indiferencia con relación al bien y al mal, su desviación, son una gran amenaza para el hombre.

Indirectamente son también una amenaza para la sociedad, porque, en última instancia, el nivel moral de la sociedad depende de la conciencia humana.

El hombre que tiene el corazón endurecido y la conciencia degenerada, aun cuando puede gozar de la plenitud de las fuerzas y de las capacidades físicas, es un enfermo espiritual, y es necesario hacer todo lo posible para devolverle la salud del alma.

Los que están enfermos del alma. A veces ni lo saben, no se dan cuenta de lo enferma que está su alma inmortal. Han adormecido su conciencia y endurecido su corazón. ¡Ayudadlos a despertarse! ¡Ayudadlos a que les llegue la voz de Dios viviente, la voz que habla en la Cuaresma con el sacrificio de la cruz de Cristo!

San Juan Pablo II. Angelus Marzo 1981.

Dice San Gregorio Magno: quien tiene la misión de decir cosas grandes, está obligado igualmente a practicarlas. Y solo si las practica será eficaz lo que diga.

Es patente la falta de hombres y mujeres llenos de conciencia cuyas acciones sean propias de personas justas. Recemos juntos para conseguirlo.

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