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Con Juan José Omella, el Papa se asegura Barcelona

Todo indica que Juan José Omella Omella (Cretas, Teruel, 1946) será nombrado de manera inminente nuevo arzobispo de Barcelona, en sustitución del cardenal Lluís Martínez Sistach (Barcelona, 1937), que alcanzó hace tres años la preceptiva edad de jubilación. Suele ser costumbre que el Papa disponga un tiempo de prórroga para obispos y arzobispos, cuando al cumplir los 75 años estos presentan su renuncia a la Santa Sede. La duración de la prórroga tiende a ser interpretada en medios eclesiásticos como una señal de confianza y de aprobación de la labor realizada. Si un obispo es relevado al día siguiente de cumplir los 75 años puede considerarse que abandona la diócesis por la puerta de atrás. Bajo este punto de vista puede afirmarse que el cardenal Martínez Sistach abandonará su responsabilidad diocesana con una alta valoración de la Santa Sede, puesto que su prórroga ha superado los tres años e incluso ha sido más larga que la concedida al cardenal Antonio María Rouco Varela al frente de la diócesis de Madrid. Sistach ha durado más que Rouco. Son pequeños detalles que cuentan en el mundo eclesiástico.

Juan José Omella es el actual obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Después de un año de actividad misionera en Zaire, ha desempeñado diversas responsabilidades eclesiales en Aragón (obispo auxiliar de Zaragoza, obispo de Barbastro-Monzón y administrador apostólico de la diócesis de Huesca y Jaca), antes de ocuparse de la diócesis riojana en 2004. Ha sido presidente de la comisión de la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española y obispo consiliario de Manos Unidas. Desde hace unos meses es miembro de la Congregación de los Obispos, importante dicasterio vaticano que se ocupa, entre otras tareas, de la preselección de los candidatos a obispo. Este nombramiento fue interpretado como una significativa señal de confianza por parte del Papa. Puede afirmarse que es uno de los obispos españoles más próximos y más identificados con la línea pastoral de Francisco.

La candidatura de Omella para Barcelona viene siendo comentada desde hace meses. Su nombre figuraba en la terna que la nuncio de la Santa Sede en España remitió a Roma a principios de año, tal y como informó ‘La Vanguardia’ el pasado 21 de febrero, tras descartarse la candidatura del cardenal Antonio Cañizares (actual arzobispo de Valencia), cuyo nombre despertaba un especial entusiasmo en el área más católica del actual Gobierno español.

El Papa conoce bien a Omella y este cuenta con el apoyo de algunos eclesiásticos que configuran el entorno más próximo de Francisco, por ejemplo, el cardenal hondureño Oscar Madariaga, o el cardenal italiano Beniamino Stella, prefecto de la Congregación para el Clero. Omella también cuenta con el apoyo de lo que podríamos denominar el ‘lobby’ eclesiástico aragonés, formado, entre otros, por el cardenal Santos Abril –amigo personal del Papa-, el obispo emérito de Zaragoza, Elías Yanes, y el obispo emérito de Pamplona y Tudela, Fernando Sebastián. Yanes y Sebastián también tienen interlocución directa con el Papa Francisco.

El obispo Omella no pertenece a la esfera eclesiástica catalana, pero es catalanohablante, por haber nacido en un municipio de la Franja de Ponent (Aragón Oriental), territorio aragonés en la que muchos de sus habitantes hablan catalán. Un área lingüística que ha sido objeto de forcejeos políticos. El Gobierno regional del PP la quiso desfigurar el uso de la lengua catalana en su territorio, imponiendo la artificiosa denominación de Lapao (Lengua aragonesa propia del área oriental); una etiqueta el actual gobierno regional socialista ha cancelado. Cualquier crítica que pudiera recibir Omella por no formar parte del círculo eclesiástico catalán, deberá ser muy medida. Sería ridículo y paradójico que se considerase ajeno a Catalunya a una persona que habla su idioma. Omella no habla ‘lapao’. Omella habla catalán y será un obispo muy “franciscano”.

El otro candidato mejor situado era Joan-Enric Vives (Barcelona, 1949), obispo de Urgell y copríncipe de Andorra. Vives es un catalanista moderado, de perfil muy pragmático. Su sustitución en La Seu d’Urgell es en estos momentos complicada, si tenemos en cuenta la compleja situación de Andorra, pequeño estado pirenaico en el que el obispo de Urgell ejerce funciones de jefe de Estado, compartidas con el presidente de la República Francesa. Andorra se halla en un momento delicado. El país ha vuelto a aparecer en el listado de paraísos fiscales de la Unión Europea y uno de sus bancos, la Banca Privada de Andorra, ha sido intervenido después de ser acusado por el Tesoro de los Estados Unidos de contribuir al blanqueo de dinero proveniente de actividades delictivas. Su filial española, en Banco de Madrid, ha sido disuelta. La banca andorrana acaba de ofrecer a la Justicia española información muy sensible sobre la fortuna que la familia de Jordi Pujol había acumulado en ese país. Andorra está en el ojo del huracán.

En Roma, el Papa Francisco no ve con buenos ojos que la Iglesia católica ejerza funciones políticas en un pequeño país que no logra sacarse de encima la etiqueta de paraíso fiscal. Pero la Iglesia no puede abandonar Andorra tan fácilmente. El coprincipado eclesiástico, con más de setecientos años de historia, da sentido a la independencia de Andorra. Si el obispo de Urgell renunciase, Andorra quedaría en manos de Francia, con una posible reclamación española sobre el puesto vacante. En la pequeña Andorra confluyen en estos momentos cuatro realidades muy complejas: la relación de la Iglesia católica con la gestión del dinero, la problemática de los paraísos fiscales en Europa, la independencia de un territorio de habla catalana, y las relaciones entre España y Francia. Poca broma. Joan-Enric Vives es en estos momentos casi insustituible, lo cual facilita el nombramiento de Omella, una vez celebradas las elecciones catalanas del 27 de septiembre.

Un obispo aragonés catalanohablante y ‘franciscano’ en Barcelona, en tiempos de alto voltaje político. Dos leales ‘franciscanos’ en la cúpula del episcopado español: Carlos Osoro en Madrid y Juan José Omella en Barcelona.

Fuente: LA VANGUARDIA (BCN)

 

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