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Asia, y en particular China, es una prioridad para Francisco.

La primera señal la dio a poco de asumir el pontificado cuando le envió una salutación al presidente chino Xi Jinping, dado que él también asumía el cargo. La nota fue correspondida. En su reciente viaje a Corea, Jorge Bergoglio se convirtió en el primer pontífice en ser autorizado en volar sobre el espacio aéreo chino. En el vuelo de regreso, Francisco dijo que, si fuese por él, iría “mañana” a China.

Ahora, le envió otra carta a Xi Jinping en la que invita al líder chino a que lo visite en el Vaticano.

Los pasos de Francisco demuestran que viene subiendo la apuesta en pos de una recomposición del vínculo, interrumpido hace 60 años con el ascenso al poder del Partido Comunista chino. Y que abrió paso a una etapa de persecución al catolicismo, hoy bastante atenuada.

Sin embargo, sigue vigente una suerte de Iglesia paralela, que responde al régimen, la Iglesia Patriótica, y que se arroga el derecho de elegir obispos, una situación intolerable para el Vaticano, lo que –sumado a las limitaciones para practicar la fe–, impide un arreglo.

Lo curioso es que Francisco echa mano a recursos diplomáticamente poco ortodoxos como el uso de canales no tradicionales. De hecho, la carta de invitación a Xi Jinping le llegó a través de un dirigente del PJ Capital, Ricardo Romano, y del representante de la Academia de Ciencias China ante el Mercosur, José Luján. Romano y Luján estuvieron a principios de mes una hora y media con el Papa, el secretario de Estado y el canciller del Vaticano, cardenal Pietro Parolín y monseñor Dominique Mambertí, analizando la estrategia.

Romano estuvo siempre cerca de la Iglesia en la Argentina. A mediados de los ’90 se ofreció para ayudar en un acercamiento entre el Vaticano y Cuba, llegando a reunirse –con el consentimiento de Roma– con Fidel Castro. Años después, Juan Pablo II visitó la isla. Ahora, Romano volvió a ofrecer sus servicios a partir de una larga relación que tiene con dos miembros del Consejo de Estado chino: Li Chamggchum y Gi Gimglin.

Tres días después de la reunión con el Papa, Parolín y Mambertí, Romano y Luján fueron a Beijing con la carta. Y volvieron a la Argentina optimistas.

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