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¿Queremos verdaderamente la paz?

No se puede resolver aquello que se desconoce. La paz es tan importante como desconocidos sus efectos. Ignoramos las profundidades de este complejo fenómeno social que tanta devastación está creando. Los conflictos surgen sin ningún tipo de sentido. Eso nos sitúa en una zona de desconocimiento que imposibilita una evaluación de la situación conflictiva planteada.

Uno de los fenómenos más evidentes que se determina en estas situaciones de conflicto, es la dificultad en detectar la ausencia de la verdad, siendo esta una de las claves del conflicto. La parte de razón a detectar por los que trabajan por la paz suele ser el punto de partida ya que permite establecer la metodología a utilizar y determinar cómo se reparten las responsabilidades de la verdad entre todas las partes intervinientes.

San Juan Pablo II dijo: Esta laboriosa búsqueda de la verdad objetiva y universal sobre el hombre, creará con su acción y sus resultados, hombres de paz y diálogo a la vez fuertes y humildes con una verdad, a la que se darán cuenta de deber servir, y no servirse de ella para intereses de parte.

Para que esto suceda y se pueda vislumbrar un cierto éxito en una negociación de paz es imprescindible que los hombres de la paz posean un rango de interlocución equilibrado con los hombres de la violencia.

En determinados ocasiones de extremada  complejidad, se utilizan los llamados “controles semafóricos” en los que los colores verdes, ámbar y rojo indican, según la situación, el color que debemos considerar para controlar la situación. El concepto, es lo que me gusta extrapolar para obtener la Paz. En el complicado mundo de la circulación, el que manda, es el semáforo. Si es rojo no se pasa si es ámbar nos indica que podremos pasar o detenernos y si es verde, tenemos vía libre.

La verdad, en una negociación nadie deberá decir que cruzo en verde si estaba en rojo.  La verdad fortalece los medios de la paz el pleno respeto de la verdad sobre la naturaleza y el destino del hombre, fuente de la verdadera paz en la justicia y la amistad.

La justicia, en el control semafórico es relativamente sencillo de interpretar si todos dicen la verdad. Esta se puede enriquecer con pruebas fotográficas.

El amor, todas las partes deberán ser generosas a la hora de asumir o implantar la justicia. Si no hay amor, comprensión y humildad, nada se conseguirá. Son necesarios los gestos del perdón y la negociación.

Libertad y flexibilidad, son necesarias  para negociar una solución que a priori no parece buena para las partes. Todos pierden, algo, para beneficiarse de mucho.

Este punto es el más difícil de gestionar. Se requiere mucha experiencia y dotes innatas en las personas encargadas de negociar la paz.

La paz es algo tan importante para que los pueblos  subsistan que se hace casi imposible creer que el hombre pueda llegar a una solución por más voluntad y empeño que ponga en la misión. Todo me hace pensar que las mejores prácticas con la ayuda de la oración colectiva se podrían lograr los éxitos deseados.

 

 

 

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