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“La devaluación de la palabra, nos impide crear lazos estables”

Santa Fe (AICA): El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, advirtió que “uno de los males de nuestra sociedad es la devaluación de la palabra, que nos impide crear lazos estables y generar confianza” y precisó: “Estamos hablando del flagelo de la mentira”. “¡Qué triste cuando un chico crece en un hogar donde los padres mienten!”, exclamó y agregó: “Cuando los padres sólo piensan en las cosas exteriores y materiales, y no en los valores del espíritu, de la verdad, el bien y la solidaridad que son como el ‘humus’ en el que crece una vida auténtica”.

El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, aseguró que “una de las actitudes que más le duele a Jesús respecto al cumplimiento de la ley y de la vida religiosa, no es el desconocimiento que se tiene de la Palabra de Dios sino el no vivir según su Espíritu”.

“Esto sucede cuando se aferran a la letra y desconocen la verdadera voluntad de Dios que se expresa en la Ley. Confunden la Palabra de Dios con las tradiciones humanas, y hacen de ella una lectura fundamentalista que se acomoda a sus intereses”, advirtió.

“El fundamentalismo es una ideología que nos exime del amor. Dejamos de ser servidores de la Palabra de Dios para ser sus dueños. Es más importante la aparente adhesión a un precepto que su cumplimiento verdadero, que siempre tiene como término el amor a Dios y a los hermanos”, agregó.

Por esto, el prelado propuso “volver a lo simple de la enseñanza del Señor cuando le preguntan: ‘cuál es el mandamiento más importante de la Ley’, y Él responde: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma. El segundo es semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo’”.

El arzobispo santafesino sostuvo que “la relación entre la palabra que decimos y el espíritu que nos mueve es signo de coherencia. La distancia entre la palabra y la vida es el comienzo de un camino de dualidad que nos empobrece moralmente y nos quita credibilidad social”.

“Uno de los males de nuestra sociedad es la devaluación de la palabra, que nos impide crear lazos estables y generar confianza. Estamos hablando del flagelo de la mentira. ¡Qué triste cuando un chico crece en un hogar donde los padres mienten! Cuando los padres sólo piensan en las cosas exteriores y materiales, y no en los valores del espíritu, de la verdad, el bien y la solidaridad que son como el ‘humus’ en el que crece una vida auténtica”, indicó.

Por último, monseñor Arancedo consideró que quienes actúan de ese modo “buscan el ‘éxito’ inmediato en términos materiales, y no el desarrollo integral de una persona que está llamada a realizarse en el tiempo” y lamentó que no se viva “una cultura del tiempo que es necesaria para alcanzar un mundo de valores a los que hay que saber sembrar, cuidar y esperar. La urgencia posterga lo valioso”.+

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