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“El Papa también se confesara para recibir dignamente al Niño Dios”

Adviento, tiempo de esperanza y preparación.

Ronald Knox (*) decía que el Adviento es como un caminar en la  noche y arrastrar los pies durante kilómetros, alargando ávidamente la vista hacia una luz en la lejanía que representa de alguna forma el hogar. ¡Qué difícil resulta apreciar en plena oscuridad la distancia¡ Lo mismo puede haber un par de kilómetros hasta el lugar de nuestro destino, que unos pocos cientos de metros. En esa situación se encontraban los profetas cuando miraban hacia adelante, en espera de la redención de su pueblo. No podían decir con una aproximación de cien años ni de quinientos, cuando habría de venir el Mesías. Solo sabían que en algún momento la estirpe de David retoñaría de nuevo, que en alguna época se encontraría un allave que abriría las puertas de la cárcel; que la luz que solo se divisaba entonces como un punto débil en el horizonte se ensanchaba al fin, hasta ser un día perfecto. El pueblo de dios debía estar a la espera.

Para los que queremos disfrutar de una vida eterna, Adviento es un tiempo de preparación y de esperanza. No podemos quedarnos impasibles en este recorrido que ignoramos cuando finalizara, para cada uno de nosotros. San Pablo decía: también nosotros podemos olvidarnos de lo  más fundamental de nuestra existencia.

Es chocante observar a nuestro alrededor cómo las gentes van de un lugar a otro empeñados en cosas banales que no conducen nada más que a la insatisfacción, buscan pero solo  encuentran , la infelicidad.

En estos tiempos convulsos debemos ser prudentes y meditar sobre todos aquellos obstáculos que nos separan de la realidad. No debemos hacer un mal uso de la inteligencia que se nos ha dado y mucho menos creer que somos el centro del universo, mal entendiendo las palabras del Génesis 3,5: “seréis como dioses”.

No nos cansamos de poner todo nuestro empeño en las cosas de la tierra, conseguirlas, guardarlas, olvidarlas porque nos damos cuenta que no sirven para nada pero como nos han costado tanto desempeño, las abrazamos con codicia. Tenemos más de lo que necesitamos y tampoco nos da la verdadera felicidad. No nos damos cuenta que las soluciones que nos da el Señor son sencillas y no cuestan dinero, pero sí un esfuerzo natural.

San Juan Pablo II ante mas de dos mil niños, les pregunto si se confesarían antes de la Navidad. Todos respondieron, “Si lo haremos” a lo que el Santo les respondió: “El Papa también se confesara para recibir dignamente al Niño Dios”

El amor autentico que María ha derramado a lo largo de la vida de su Hijo es suficiente para encontrar el camino y darnos  las fuerzas necesarias para seguir esa luz que identificamos pero que no ubicamos.

(*)Sus dos abuelos fueron obispos de la Iglesia de Inglaterra y su padre alcanzó también el episcopado anglicano cuando Knox contaba con siete años de edad

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