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PREFACIO

En la iglesia de Santa Ana en Cracovia, secular lu-
gar de encuentro de los jóvenes estudiantes, situa-
da como está casi a la vuelta del “Collegium Maius” y

los edificios universitarios, la voz de Karol Wojtyla vi-
bró de forma especial en dos ocasiones: en 1962, joven

obispo aún, y en 1972, cuando ya era arzobispo metro-
politano y cardenal.

Es conocida su actividad pastoral en favor de una

juventud universitaria que, después de la guerra mun-
dial, trataba de modelarse teniendo encuenta sus nue-
vas características; nuevas tanto por los orígenes socia-
les como por las obligaciones que tenían que asumir

en una Polonia en evolución.

Por estas razones, la pastoral de la juventud adqui-
rió un profundo significado desde el momento en que

el Estado se arrogó el derecho de “educar”, suprimien-
do la enseñanza religiosa en las escuelas estatales y

en la universidad. Surgió así la nueva figura del asis-
tente, a cuya formación contribuyó el propio pastor de

Cracovia.

El punto clave de la diversidad y oposición entre

cultura cristiana y propaganda estatal, esto es, la rela-
ción entre Dios y nosotros en Cristo, representa el mo-
tivo inspirador de los Ejercicios espirituales, momento

de comunión y encuentro entre la tradición y la necesi-
dad de actualizar los temas de la fe.

Estas meditaciones, expuestas precisamente en los
tadas aquí en un único volumen, tratan, dentro de una

temática estrictamente religiosa, problemas acuciantes

de la sociedad polaca, pero comunes también a la so-
ciedad en que vivimos: la persona humana, la idea del

trabajo, la condición de la mujer, la alienación, el

ateísmo, etc.

Las tandas de “ejercicios espirituales” que aquí pre-
sentamos constituyen una especie de “reflexiones en

alta voz”, dictadas por la mente y el corazón, con un

lenguaje dirigido a desvelar la sensibilidad religiosa,

intelectual y emotiva de los oyentes, instaurando con

ellos un contacto directo, en la conciencia de estar em-
barcados juntos en una situación idéntica, en la que

todos, pastores y fieles, están llamados a dar una res-
puesta concreta.

En la primera tanda, con el título Dios, el hombre,

la religión, se resalta toda la fuerza que empapa esa

preocupación de Dios por ayudar al hombre a encon-
trarse, en el marco de su libertad humana, la verdad y

grandeza originarias. El volverse a Dios y el testimonio

ante los demás constituyen los dos momentos de la re-
ligión del hombre.

En la segunda tanda, que se titula El camino cris-
tiano, se ilumina toda la sacralidad y la belleza de la

oración que une al hombre a Dios, en clara contrapo-
sición con el “ritual laico” que trata de sustituir las

profundas aspiraciones del hombre. Los sacramentos

de la Penitencia y de la Eucaristía representan en la

Iglesia los momentos indisolubles del perdón y de

la comunión.

La palabra “testimonio” constituye el hilo conduc-
tor tanto de la primera como de la segunda tanda, por-
que testimonio es creer en Cristo en la comunión y

testimonio es también desempeñar el propio papel en

la sociedad y en la comunidad cristiana.
Este volumen se presenta, pues, como preciosa mate-
ria de estudio para todos aquellos que, solos o en equi-
po, ansian de nuevo meditar las verdades fundamenta-
les que la fe enseña acerca del hombre.

Lo que más llama la atención es la creatividad, ori-
ginalidad y profundidad del sacerdote que muestra es-
tas “verdades de la fe” en los fenómenos y problemas

de la vida diaria, individual y social.

Condición indispensable, sin embargo —como el

propio autor nos hace ver—, es dejarse invadir por la

“Palabra” hasta que, haciéndose ésta “carne”, revela

al Verbo, Hijo de Dios.

Los textos de las homilías de Karol Wojtyla, entre

los que se cuentan los presentados en este volumen, ha

sido posible reunirlos gracias a la sistemática graba-
ción y transcripción hecha por algunos de los jóvenes

que, en número cada vez mayor, frecuentaban las re-
uniones con su obispo. Los textos recogidos han sido

revisados para la edición polaca por el P. Andrzey Bar-
decki y doña Irena Kinaszewska. Por esa circunstancia,

los textos mantienen una forma expresiva característi-
ca, la homilética, propia de textos no escritos previa-
mente. Las repeticiones que a veces aparecen no pre-
tenden sólo conmover al oyente, sino también y sobre

todo profundizar en una determinada idea o señalar

una actitud precisa.

CARMELO GIARRATANA

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